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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Ejercicio académico de generosidad

Ejercicio académico de generosidad

Ejercicio académico de generosidad

Es de sobra conocido las pésimas y en ocasiones inhumanas condiciones en las que viven los y las reclusas en los “dizque” centros penitenciarios de rehabilitación, una primera consecuencia es que son muchos los casos de reincidencia y de mal comportamiento social de aquellas personas que, una vez cumplida su pena, salen en libertad comprobadamente endurecidos por las condiciones de violencia y desprecio con que fueron tratados; hablar de rehabilitación es validar la palabra “galimatías”. El tiempo de reclusión se convierte en vida no vivida, como si el transito de delito, condena y reclusión fuera la simiente de la perdición, los apegos allá adentro son nadie y nada.

Reglamentos, normas y leyes que regulan la vida interna de los centros penitenciarios existen y seguramente están hechos sobre la base fundamental de los derechos humanos, solo que del dicho al hecho se atraviesa la corrupción y su madre la impunidad; enquistado se encuentra el germen de la descomposición moral en la vida interna de los penales; se ha perdido, sobre todo, el respeto a la dignidad humana.

Por todas estas penosas realidades es que cobra mayor y gran importancia el programa “Inside—Out” (originado en USA de ahí su nombre) que consiste en establecer convivencia académica entre alumnos regulares de Universidades y reclus(a)os. El programa, en un primer ejercicio, se llevó a cabo aquí en Guadalajara, participaron 10 reclusas del centro penitenciario de Puente Grande y 9 alumnas del ITESO y de la UPN; 19 alumnas que reunidas en una misma aula cursaron materias como Derechos Humanos, Discriminación, Inclusión, Justicia; Desigualdad Social y otras más.

Varios son los beneficios de estas convivencias, beneficios que alcanzan ambas partes; uno muy importante es considerar que si el comportamiento ético no es cuestión de ADN si que se puede aprender por contagio; la convivencia evita que las reclusas experimenten la dolorosa sensación de ser excluidas, al mismo tiempo que culturizadas establecen un dique contra los vejámenes y agresiones físicas y emocionales. Por el lado de las universitarias adquirir la indispensable cultura de la solidaridad las hará mejores personas debido al inevitable impacto emocional que experimenten a través de la convivencia con aquellas que por múltiples causas han cometido algún delito ya que asisten impulsadas por el nutriente del amor.

Muchos son los documentales y reportajes respecto a la vida interna de los penales, todos ellos dan muestra de que la rehabilitación hasta ahora ha sido un fracaso, desquiciado y  falso. Violencia, hacinamiento, insalubridad, ataque a derechos humanos han generado que la angustia sea una forma de vida para los internos. Los esfuerzos por parte de las autoridades correspondientes se han hecho pero los resultados son evidentemente malos.

El programa “Inside—Out” es el principio de un movimiento que adoptado entre gobierno—sociedad tendría alcances nacionales consolidando una cultura de inclusión francamente ecuménica. La verdadera esencia de esta iniciativa quizás la resume Mahatma Gandhi cuando afirma: “no habrá jamás igualdad mientras que alguien se sienta superior o inferior a los demás”.

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