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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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Educación: nuevo modelo, viejos vicios

Educación: nuevo modelo, viejos vicios

Educación: nuevo modelo, viejos vicios

De entrada, hay que aplaudir que el Gobierno federal, golpeado y desacreditado como está, se haya echado el trompo a la uña, se haya decidido a dar el siguiente paso en la reforma educativa y atrevido a tocar el tema toral: el contenido de la educación. Era fácil y tentador nadar de muertito el resto del sexenio. La reforma de los contenidos traerá más cuestionamientos y fricciones con el sindicato, por una sencilla razón: una buena parte de los maestros que tenemos en las aulas no están calificados para enseñar en el nuevo modelo.

La gran virtud de la reforma, me parece no está tanto en el énfasis en el inglés y la tecnología, sino en reconocer que es en la escuela y no en el aparato burocrático de la Secretaría de Educación, donde puede y debe hacerse la gran transformación. Quitarle el yugo burocrático y dejar a las escuelas en libertad, no sólo de gestión sino para decidir el 20 por ciento de los contenidos, hará que aquellas escuelas que tienen buenos directores brillen aún más y los que tienen directores piratas o fantasma se hundan. Si hoy en día la diferencia entre una escuela buena y una mala es la calidad de los maestros, con el nuevo modelo la diferencia será aún mayor y los viejos vicios serán más evidentes.

Qué bueno, dirán algunos, que el nuevo sistema saque a la luz la calidad o falta de ella de los maestros y directivos, pero no podemos obviar que vivimos en un país de dos velocidades, y que parte de las obligaciones de la SEP en esta nueva etapa será justamente igualar las capacidades de las escuelas. Eso no está para nada claro cómo lo van a hacer.

El secretario de Educación dice que en 10 años veremos los primeros resultados. Lo dudo. Incluso podemos apostar que las primeras generaciones egresadas de este sistema, cuando salgan de secundaria, allá por el 2028 al 2030, van a pagar el pato de las resistencias al nuevo modelo. Estamos muy lejos de que la primera etapa de la reforma, la que obliga a los maestros a someterse a evaluación, haya dado los resultados esperados y necesarios para cambiar las reglas del juego.

La falla más evidente es sin duda la política. En un escenario en que la alternancia en 2018 es no sólo posible sino muy probable, no tener todos los sindicatos, a los partidos y a los líderes comprometidos con la reforma implica un alto riesgo. La presentación fue un acto de cúpulas y para las cúpulas, y la transformación la hacen las bases. Todavía hay tiempo para tejer políticamente antes de la implementación, pero cada día que pase será más difícil.

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