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EPN y el neocolonialismo

EPN y el neocolonialismo

EPN y el neocolonialismo

Habitualmente se piensa que el racismo, el desprecio y colonialismo hacia los pueblos indígenas es un asunto del pasado, algo que quedó enterrado en la Colonia o la revolución. Nada más alejado de la realidad. El desprecio, el racismo y el colonialismo hacia los pueblos originarios del país son modos habituales del Estado, sus agencias, las corporaciones privadas, y los medios de comunicación.

Un ejemplo perfecto de ese racismo y neocolonialismo lo acaba de mostrar el Presidente Enrique Peña Nieto en el acto de conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas celebrado en Chiapa de Corzo, Chiapas, el lunes pasado.

El desprecio hacia los pueblos indios se manifiesta desde el mismo formato del evento: se invita a “representantes” de los 68 pueblos indígenas que viven en el país, pero sólo como escenografía, para que el representante del Estado se pare delante de ellos y hable por ellos, y de modo despectivo. Se invita a representantes de las comunidades originarias que acudan vestidos con sus trajes regionales, no por respeto a sus identidades, sino por folclor propagandístico.

Como son en todos los rituales estatales, el evento sirve para ensalzar a los representantes del poder. Aunque el acto era para conmemorar a los pueblos indígenas, apenas se cedió la palabra a una representante indígena (Mayola Salas Xotlanihua, nahua de Tuxpanguillo, municipio de Ixtaczoquitlán, Veracruz), en tanto hablaron tres representantes estatales (Peña Nieto, el gobernador de Chiapas y la directora de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas).

El racismo y el colonialismo se manifiesta de modo contundente en el discurso del mismo Peña Nieto. El discurso peñista del Día Internacional de los Pueblos Indígenas del pasado 7 de agosto está plagado de perlas que confirma que el racismo y el neocolonialismo son de relación predominante del Estado mexicano hacia las comunidades originarias.

De entrada, Peña Nieto admite que el “desarrollo” en el país ha sido excluyente, pues aboga porque a los pueblos indios se les incluya en ese proceso. Las palabras presidenciales están plagadas de una mentalidad colonial o neocolonial, que plantea y supone que en México hay un grado de desarrollo que no ha incluido a los pueblos originarios, y que es necesario hacerlo. Se refleja el desprecio al suponer que ese “desarrollo” no alcanza a los indios porque no se les ha educado adecuadamente, y despreciando el saber y el conocimiento producido por los pueblos que no necesariamente debe pasar por la institucionalización educativa.

El núcleo neocolonial en el discurso presidencial se desnuda cuando Peña Nieto dice que en los estados con más población indígena del país (Guerrero, Oaxaca y Chiapas), existe pobreza porque no ha llegado la industrialización, haciendo suponer que el “progreso” que produce el desarrollo se deriva del trabajo asalariado. Y la salida que propone Peña Nieto implica más despojo y más explotación, pues propone crear Zonas Económicas Especiales en esos estados para llevar capitales, que funden industrias y que paguen salarios.

Detrás de ese discurso supuestamente interesado en el “desarrollo” mediante las Zonas Económicas Especiales, se aprecia una estrategia renovada de despojo que vislumbra más apropiación de tierras y bienes comunes de los pueblos mediante la violencia.

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