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Duarte, una caída que oscurece al PRI

Duarte, una caída que oscurece al PRI

Duarte, una caída que oscurece al PRI

La de Javier Duarte era la detención más esperada. El ex gobernador de Veracruz se había convertido en el prototipo del político enriquecido a costa del dinero público y siempre, perjudicando a los más necesitados. La cuestión ahora es si existe una conexión político-electoral.

Ni siquiera fue necesario esperar mucho. El tema electoral es como el uniforme que llevará puesto Duarte en prisión: lo tendrá encima todo el tiempo. Mientras se define si su extradición ocurre en 10 días o tres meses —ambas opciones son posibles—, ya varios de los candidatos hacen de él su tema más rentable. La candidata del PAN al gobierno del Estado de México, Josefina Vázquez Mota, aseguró en su cuenta de Twitter que Duarte entregaba dinero cada mes al Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y atacó a Andrés Manuel López Obrador.

Y el candidato oficial, Alfredo del Mazo, rechazó de inmediato cualquier nexo con Duarte... como si fuera posible borrar las fotos donde él mismo aparece junto al ex gobernador veracruzano.

Hay un problema estructural en todo esto: la detención de Duarte no va a dar satisfacción plena. El sistema judicial mexicano es tan evidentemente poroso y su credibilidad tan endeble, que ni siquiera una extradición inmediata y un juicio con condena incluida en pocas semanas, sólo podrían ser entendidos como un acuerdo para beneficiar indirectamente al PRI, en particular en el proceso electoral en el Estado de México.

Pero eso no es responsabilidad de los mexicanos que dudan todo el tiempo. Durante muchos años han tenido motivos sobrados para hacerlo. Y la desconfianza es un cristal que se rompe con el menor golpe. Recuperarla, por lo tanto, es una misión casi imposible.

Existen, sin embargo, una serie de hechos que sólo deben someterse a agenda para quedar probados.

El primero de éstos es que la campaña electoral en el Estado de México concluye el 31 de mayo; lo más probable es que para entonces Javier Duarte aún siga detenido en Guatemala, porque si él y sus abogados no presentan recursos legales para retrasar su extradición, su regreso a territorio mexicano puede tardar mucho tiempo más.

En este tiempo, aunque muchos políticos sostengan lo contrario, el partido político más cuestionado y desacreditado seguirá siendo el PRI. ¿Cómo puede revertir el hecho de que la mayoría de los ex gobernadores señalados por desvíos, enriquecimiento ilícito, complicidad con el crimen organizado y otros delitos, sean militantes priistas o hayan sido expulsados del PRI justo por las acusaciones en su contra?

Una disculpa para los entusiastas de la teoría de la conspiración, pero la detención de Duarte sólo acredita entre la ciudadanía, otra vez, que las estructuras de corrupción más fuertes se han fraguado entre personajes priistas. Eso no quiere decir, de ninguna manera, que el resto de los partidos políticos pasan la prueba de la moralidad, pero por mayoría, el tricolor lleva mano.

Hace un par de semanas, César Camacho, coordinador de los diputados federales del PRI, pidió no juzgar a los candidatos del partido por los escándalos de los ex gobernadores priistas, sino por las propuestas de campaña. El suyo fue un argumento infantil.

La caída de Duarte no beneficia al PRI ni a la imagen del Gobierno federal. En las urnas se demostrará.

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