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Jueves, 17 de Enero 2019

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Diez años de tomar la calle

Por: Diego Petersen

Diez años de tomar la calle

Diez años de tomar la calle

A Rocío, Pepe y Tomás, guardianes de la Vía

Diez años después la Vía RecreActiva está tan normalizada entre los tapatíos que ya no nos acordamos no sólo cómo fue su inicio, ni siquiera nos imaginamos cómo era la ciudad, cómo era un domingo cualquiera antes de que los ciudadanos, un 10 de septiembre de 2004, tomáramos la calle, no sin temor, para caminar, andar en bici, pasear al perro, patinar, en el espacio que siempre se había considerado era exclusivo de los autos.

Las críticas a ese primer día, así como el triunfo claro, contundente e inobjetable (perdón; ese fue el de Salinas en 1988) de la Vía reflejan claramente la forma en que los tapatíos procesamos los cambios en las políticas públicas. Por un lado ese afán por descalificar cualquier iniciativa aún antes de que nazca y por otro la claridad de que una vez que adoptamos algo como nuestro no hay partido político, grillo, o poder fáctico que pueda contra ello. En sus primeros años no fueron pocos los intentos de descarrilarla; unos meses después todos querían salir en la foto.

Diez años después, la Vía requiere ser revitalizada, mejorada y sobre todo pensada. El mismo esquema de seguridad que se creó para 20 mil usuarios se usa hoy para 180 mil en Guadalajara y casi otro tanto en toda la ciudad. Los puntos de saturación son cada domingo mayores y no hay un plan de desarrollo y visión de a dónde la queremos llevar. Esa es una tarea urgente del grupo operador en los ayuntamientos.

Otro punto fundamental tiene que ver con explicar la Vía. Cuando un grupo de ciudadanos agrupados en Guadalajara 2020 apadrinaron este proyecto, en el sentido más amplio de la palabra, lo hicieron desde una clara concepción de que había que impulsar el desarrollo del espacio público. En estos diez años la vía ha crecido en kilómetros, y sobre todo en usuarios, pero no ha logrado que el espacio público ocupe el lugar que debe en las políticas gubernamentales. Dicho de otra manera, la Vía no sólo no ha logrado educar y convencer a los gobernantes y ciudadanos de que el espacio público destinado al peatón debe ser la prioridad, sino que en muchos casos hacer una Vía RecreActiva los domingos se ha considerado por las autoridades como suficiente respuesta a “esos locos” que se pelean con el automóvil.

¿El éxito de la Vía se debe al éxito de políticas sobre espacios públicos o, por el contrario, es el reflejo cabal de la falta de una política clara, permanente y adecuada sobre espacio para esparcimiento en la ciudad? No tengo clara la respuesta y es sin duda un tema a trabajar, pero lo cierto es que diez años después de la vía el número de kilómetros de ciclovías en la ciudad es alarmantemente ridículo; la atención a los peatones es mínima para no decir nula; hay muy pocos nuevos parques, y el gasto público de los ayuntamientos sigue orientado al automóvil y no a otras formas de movilidad.

El mejor homenaje que le podemos hacer a la Vía en su diez años es, pues, pensar la ciudad y actuar en ella.
 

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