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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Devastación ambiental, hipocresía oficial

Devastación ambiental, hipocresía oficial

Devastación ambiental, hipocresía oficial

Sabemos por experiencia que no podemos creer todo lo que dicen los gobernantes y que su discurso público no siempre coincide con sus acciones. Pero en el caso del Gobierno de Jalisco, la distancia entre discurso y realidad es abismal.

Me centraré en dos asuntos: la bandera de un gobierno vanguardista en materia ambiental y la promoción de una política del campo orientada hacia los agronegocios. Los dos asuntos se juntan en una denuncia que acaba de hacer el lunes el Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua para el Estado de Jalisco.

Los integrantes de este observatorio denunciaron que en la región Lagunas, al sur de la zona metropolitana y que incluye municipios como Villa Corona, San Marcos, Zacoalco de Torres y Sayula, hay “graves problemas de salud (…) relacionados con el agua y el medio ambiente, atribuibles al mal manejo del agua y su pésima calidad para consumo humano, contaminación por el manejo inadecuado de residuos, contaminación por agroquímicos, descargas industriales y de rastros sin tratar […] consideramos que este problema ambiental puede tener relación con los diferentes casos de cáncer, enfermedades gastrointestinales e insuficiencia renal que se presentan en la región”.

En la conferencia de prensa participó el sacerdote Salvador Urzúa Palomino, de la diócesis de Ciudad Guzmán, quien como ejemplo de las enfermedades y muertes que va dejando a su paso esta devastación ambiental mencionó que en la delegación de Barranca de Santa Clara, en Zacoalco de Torres el año pasado fallecieron doce personas por cáncer, en una comunidad de apenas 900 pobladores. El párroco aseveró que hay un aumento considerable de casos de cáncer en Techaluta, Amacueca y Zacoalco.

Para los habitantes de esta región no hay duda de los responsables: “hay una incidencia de cáncer por actividad agropecuaria, hay montón de invernaderos allá, el agua que utilizan se está filtrando, el agua que estamos tomando nos está dañando”, dijo el sacerdote Salvador Urzúa.

Esta fuerte denuncia de lo que ocurre en esta región confirma que en todo el Estado hay una devastación ambiental sin precedentes: no es sólo la contaminación atmosférica en la Zona Metropolitana de Guadalajara, no se trata sólo del río muerto en el que se ha convertido el Santiago y que enferma y mata a pobladores de El Salto y Juanacatlán. No son sólo los residuos tóxicos de los basureros que envenenan los cuerpos de agua de los Pueblos de la Barranca de Zapopan. Todo el Estado está enfermo por un sistema económico que pone por encima el lucro, antes que la vida de las personas y otros seres vivos.

Pero mientras este desastre ambiental crece y se expande, el gobernador Aristóteles Sandoval se promociona en el extranjero como gobernante con políticas ambientales vanguardistas, pero no es capaz de enfrentar el problema con los pobladores de estos sitios altamente contaminados.

Al mismo tiempo, el gobernador sigue impulsando un modelo agroindustrial que está matando no sólo el cultivo tradicional y los enormes beneficios que dejaba a los campesinos, sino que está matando al resto de los pobladores por la derrama de contaminantes que deja a su paso. Ante este escenario de devastación ambiental, choca aún más el falso discurso oficial.

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