Domingo, 09 de Mayo 2021

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Destino: el olvido

Por: José Luis Cuellar de Dios

Destino: el olvido

Destino: el olvido

Unidad de Asistencia Para Indigentes, UAPI por sus siglas, institución que depende del IJAS cuya filosofía es el trato con calidez y respeto, tiene como tarea la atención a personas indigentes, cuenta con una población de aproximadamente 200 personas entre las que se aparecen algunas con trastornos mentales de diferente índole. La indigencia en México es un problema de enorme severidad, se calculan 14 millones de ellos y el único país que el último año no logró reducirla fue precisamente México. Más que verla en cifras habrá que analizarla desde su cruel naturaleza.

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¿Quienes llegan a la indigencia? aquellos seres humanos con la esperanza reducida a escombros, atormentados en cuya mente solo reina el silencio ya que muchos de sus recuerdos son tristes y desoladores. El abandono de un familiar no responde a una explicación simple, cualquier excusa tendrá el sabor a traición, a mentira. Aquellos que tienen la fortuna de ser rescatados del tedio, del peligro de vivir en la calle, convertidos en marginados y marginales, nunca serán, por otra parte, aliviados de la traición del abandono. Sus vidas transcurren con el corazón roto y al desnudo. La pregunta es inevitable: ¿Quién o quienes ejercieron el papel poco digno de verdugo para consumar tal oprobio mostrando uno de los rasgos más negros de la condición humana?

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Al saber que se incluyen en los beneficiados a personas con ciertos trastornos mentales cabe preguntarnos si puede un dolor causado por una serie de agresiones y abandonos generar una enfermedad mental cuyo diagnóstico es haberse dejado habitar por terribles demonios o por una total ausencia de la realidad con obligada resignación. Asistir a estos lugares genera una especial experiencia mas profunda cuando se permanece un tiempo conviviendo con los habitantes del lugar, una de ellas: causa una sutil sensación de vergüenza. S. Freud, afirma: “ante la perdida de alguien: el duelo y la melancolía”. Cabria preguntarnos si ante el abandono, la ausencia de la realidad y la locura.

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Los atendidos en centros como UAPI son una minoría muy minoritaria, los otros, la gran mayoría deambulan en la vía pública corriendo el riesgo de ser lastimados físicamente, amén del sometimiento a burlas sarcasmos y morbo, a tal grado que llegan a convertirlos en ejemplos vivos de la peor de las miseria humanas: la indiferencia.

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Se consideran afortunados aquellos que son atendidos en centros como el UAPI, pero habremos meditado acerca de que muchos de ellos viven con la esperanza del “volveremos por ti” y que tal promesa nunca se cumplirá.

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País injusto, México, en el que 14 millones de personas, niños, ancianos, mujeres y hombres viven expuestos a convertirse en seres invisibles azotados por mil calamidades y desilachados por falta de esperanzas. Lo peor es que esta terrible realidad escapa al control tanto del gobierno como de la sociedad, es más bien la confirmación de que desde que puso el primer pie el hombre sobre la superficie de este planeta siempre ha sido el mismo. ¿Llegara el día en que la justicia llegue y se escuche el sonido clamoroso de las sonrisas de estos 14 millones de mexicanos? La contestación corresponde a un clásico: SABE.

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