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Viernes, 18 de Enero 2019

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Desprecio al peatón

Por: Diego Petersen

Desprecio al peatón

Desprecio al peatón

No hay mayor muestra de desprecio al peatón que los puentes peatonales. Si las banquetas son ya un insulto a quien tenga la valentía y la necesidad de caminar, los puentes son un forma evidente de segregación y discriminación.

Para empezar los puentes peatonales no deberían de existir, salvo casos muy específicos. Esto es, los peatones son el eslabón más débil de la cadena de movilidad, los únicos que no tienen motor o sistema mecánico de tracción ni luces. La pregunta entonces es por qué son los peatones los que tiene que subir cuatro metros, atravesar por un lugar oscuro y bajar de nuevo en lugar de hacerlo a nivel de piso y que sean los autos los que se detengan. La razón la sabemos todos: porque la ciudad está pensada, diseñada y operada con la lógica de los autos.

Es cierto que hay casos, como una carretera, en la que no hay más remedio que un paso peatonal, pero en ese caso el diseño debería ser pensado para accesibilidad universal, facilidad y sobre todo seguridad. Si la gente no usa los pasos peatonales no es porque le guste el peligro, es porque lejos de resolver un problema en general provocan otro: cuatro de cada diez pasos peatonales ni siquiera tienen rampa.

Cuando se decidió hacer de López Mateos un viaducto los opositores (esos que desde la soberbia del poder se bautizaron como opositodos) llamaron inmediatamente la atención sobre el problema de los pasos peatonales: en el diseño de la ciudad no había, ni hay, lugar para los peatones. Los semáforos están sincronizados en función del número de autos que se espera pasen en un sentido u otro, nunca de cuánto tarda un peatón en cruzar la calle (tengo registrados dos puntos emblemáticos de este problema, pero sin duda hay más: el cruce de López Mateos con Moctezuma en Plaza del Sol, y el de Laureles y Aurelio Ortega, en el Centro de Zapopan).

La ciudad, dicen los teóricos que todos los políticos citan pero nadie atiende, debe estar diseñada desde y para los más débiles. Eso es lo que hace que una ciudad sea más humana y vivible. Los trienios y los sexenios pasan, el discurso se repite y la actitud es la misma: los patones están mucho en el discurso y muy poco en las políticas públicas.

Si en cada obra pública gastáramos diez por ciento de lo que destinamos al auto en resolver inteligentemente la circulación de los peatones, otro gallo cantaría (imaginamos López donde se han invertido en los últimos doce años más de mil 200 millones de pesos con obras peatonales por 120 millones). Pero, salvo el paso a desnivel de los Cubos en el que se construyó un paseo, ninguna otra obra vial ha considerado en su proyecto de solución a los peatones.

Bien lo dijo Julio Cortázar: ya sé que todo está dicho, pero como nadie lo escucha hay que volver a repetirlo.

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