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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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Derrotado por el alcoholímetro

Derrotado por el alcoholímetro

Derrotado por el alcoholímetro

¿Recuerda usted aquellos tiempos en los que uno iba plácidamente ebrio a estrellarse contra objetos o a causar daños a terceros importándole tres pepinos? Sí, no hace tanto tiempo, era el pan de cada día que la gente rondara por la calle hecha un animal conduciendo un arma de cerca de una tonelada de peso sin el menor empacho.

Sin embargo, y a juicio de quien escribe esto de forma sensata, hace un par de años se estableció un medio disuasorio de dichas prácticas. Pues por más que existan cuentas de Twitter o incluso aplicaciones para celulares en las que se avisa dónde se encuentran las revisiones conocidas como “torito”, la mayor parte de las personas ha cambiado sus hábitos y el uso de taxis y servicios de transporte se ha extendido bastante entre la población.

Sin embargo ¿qué sentiría usted si tras haber ido a partir una rosca, en la que solo hubo champurrado de beber, pierde la batalla con el alcoholímetro sin haber tomado una gota de alcohol?

Por supuesto de entrada acusaría corrupción y denunciaría el carácter netamente recaudatorio de la medida. El asunto es que puede que ese no sea el caso.

Y le cuento esto porque el 30 de diciembre del año pasado este diario reportó el extraño caso de una mujer cerca de Buffalo, Nueva York, quien fue detenida con niveles de alcohol en la sangre superiores a los permitidos. Y es que si bien la señora utilizó el argumento de doña del Country – “nomás me tomé tres copitas” – era irreal que tuviera esas mediciones etílicas en un espacio de seis horas.

Así, tras una serie de pruebas periciales, su abogado acreditó que ella padecía el llamado “síndrome de la cervecería interna” el cual consiste en que determinadas personas tienen altos niveles de levadura en sus intestinos, la cual, al entrar en contacto con alimentos ricos en carbohidratos produce alcohol sin que el sujeto esté ni remotamente enterado.

Una de las pruebas que le practicaron fue el dejarla bajo la supervisión de dos enfermeras quienes acreditaron que durante todo un día no bebió una gota del alcohol, pero que para las 24 horas ya traía un nivel de alcohol en la sangre de 0.32, lo cual quiere decir que una cita en una trattoria podía acabar en una pedotota sin que nadie lo viera venir.

Por tanto, es importante en este año el tenerle un poco de paciencia a su pareja, quien no necesariamente sea un borracho asqueroso —apodo adquirido en una posada en el 97— sino que sea uno más de aquellas pobres personas que, por más Yakult que tomen, cuenta con una flora intestinal más tirada al trago.

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