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Lunes, 11 de Diciembre 2017

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Delincuencia

Delincuencia

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En el transcurso de la semana que recién termina se llevó a cabo en las instalaciones del Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara el Primer Encuentro de Metales, actividad organizada por el propio Departamento y en la cual los asistentes pudieron participar en cursos, talleres y conciertos, así como asistir a una exposición de instrumentos propios de ésta familia. La programación despertó gran interés, por lo que se contó con una buena afluencia, toda vez que la convocatoria no estuvo limitada a estudiantes de la Universidad.

No obstante, el día miércoles se vivió un hecho deleznable que indignó en general a la comunidad de este plantel.

Aprovechando la alteración que había en el protocolo de acceso -propiciada por la dinámica del propio evento- un delincuente se introdujo a la escuela con el objetivo de buscar algún objeto de valor, terminando por sustraer una tuba, propiedad de un estudiante. Se afirma que momentos después se vio al ladrón cargando el instrumento por la zona de San Juan de Dios, no se sabe si para intentar venderlo o esconderlo.

La inseguridad que se vive en las inmediaciones de los planteles de la Universidad de Guadalajara se ha venido denunciando de manera creciente y la casa de estudios ha prometido ya la implementación de acciones para remediarlo. Pero lo cierto es que el estudiantado y personal académico son vistos por los criminales como un sector vulnerable.

Si bien esto sucedió en el Ex-Claustro de San Agustín, es verdad que pudo pasar en la Iglesia contigua, en el mismo Teatro Degollado o en cualquiera de las calles del Centro Histórico. Es parte de una realidad hiriente cuya solución se intuye cada vez más compleja, dado que implica soluciones a muy diversos niveles.

Lo que conviene recalcar es que, bajo ningún enfoque resulta válido tratar de hacer recaer la culpa sobre la víctima del hecho. Esta actitud siempre aparece en situaciones de este tipo, pues tiene que ver con un mecanismo básico de auto-protección que mediante un razonamiento alterado trata de demostrar que el robo –en este caso- habría sido propiciado por un descuido y, que por lo tanto no se trata de algo que pudiera pasarle a cualquiera. Esta autocomplacencia genera un sentimiento de lejanía hacia el suceso que brinda una falsa ilusión de seguridad. Nada favorece más a la delincuencia que este tipo de actitudes.

Por lo pronto queda el deseo de que la tuba pueda ser recuperada. Se trata del instrumento de estudio y trabajo de un músico en formación. De momento, gracias a las “redes sociales” el ladrón ha podido ya ser identificado.

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