Martes, 18 de Mayo 2021

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De lectores y lectores

Por: María Palomar

De lectores y lectores

De lectores y lectores

En uno de los principales blogs literarios franceses, el que Pierre Assouline tiene en Le Monde (passouline.blog.lemonde.fr), uno de los últimos artículos se llama algo así como “¿Y por qué todos habríamos de ser lectores?”.
Buena pregunta. Y contesta que para el lector auténtico “leer es un reflejo igual que respirar; si se convierte en obligación, si se lee como un esfuerzo de la voluntad, porque la sociedad nos lo impone, ya la amolamos”. Assouline remite entonces a un ensayo de 1903 de la neoyorquina Edith Wharton (1862-1937, la autora de La edad de la inocencia), que se llama “El vicio de la lectura” (está en internet en inglés). Wharton afirma que se trata de una adicción y que “ningún vicio es tan difícil de erradicar como los que generalmente se consideran virtudes. Entre ellos sobresale el vicio de la lectura”. Viene a la memoria, leyendo este ensayo, una señora tapatía que, cuando le preguntaban “¿en qué vas?”, contestaba: “En la página 75”. Cualquier auténtico lector habría respondido que en el viaje de la protagonista a Vladivostok. Es el ejemplo acabado de lo que Wharton llama “lector mecánico”: el que cree que tiene que leer porque es su obligación, algo bueno y meritorio, una especie de cualidad moral. Cosa que no está probada. No es difícil distinguir al lector real del lector mecánico. El primero no se mortifica por agotar la lista de best-sellers: es más, lo probable es que no conozca la mayoría de ellos y que esté leyendo el segundo volumen de Folio de Montaigne (con muchos trabajos), dos policiacas y (por quinta vez) una de Dumas. Entre los segundos sobresalen quienes afirman que adoran leer, “pero no tienen tiempo”. Si se tiene acceso a la vivienda del sospechoso, un simple vistazo a lo que en Guadalajara llamamos “buró” revela sin margen de duda quién es lector y quién no lo es. Como lectores mecánicos sobresalen los “académicos”, profesión inventada en el siglo XX que rara vez coincide con nociones como “vocación” o “intelectual”. Multitud de “historiadores”, “politólogos”, “científicos sociales” o egresados de filosofía y letras por fuerza han tenido que embucharse un montón de libros. Pero como dice Wharton, “la lectura emprendida de forma deliberada no es lectura, así como la erudición no es cultura”. A esos pobres lectores-galeotes de nada les pueden servir tantas horas supuestamente invertidas quemándose las pestañas si no las disfrutaron y si carecen de un archivo mental donde guardar y relacionar los datos que pudieran resultar útiles (que claro que no es el objetivo de la lectura-vicio, aunque a veces ocurra). “Para el lector mecánico, los libros una vez leídos no son cosas vivas que echan raíces y entrelazan sus ramas, sino fósiles”. Nota: El título de artículo del pasado domingo era precisamente lo opuesto de lo que se publicó: debió haber sido “Es que los libros NO se acaban”.