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Domingo, 20 de Enero 2019

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De Iguala a la muerte de un diputado

Por: Jorge O. Navarro

De Iguala a la muerte de un diputado

De Iguala a la muerte de un diputado

La violencia y matanza de estudiantes en Iguala, Guerrero, horroriza otra vez a los mexicanos y asalta los espacios principales en los medios de comunicación. La agenda mediática alimenta la percepción de inseguridad, desde Tijuana a Mérida, pasando por Jalisco.

La aparición de fosas repletas de cadáveres en las inmediaciones de Iguala (al Norte de Guerrero) no son novedad en el país. Quizá hasta hallen menos cuerpos que en las tumbas múltiples documentadas cerca de La Barca y Ocotlán, así que las autoridades de Jalisco no tendrán argumento para tratar de desviar la atención a lo que pasa en aquella entidad de la costa del Pacífico.

Pero el número de cuerpos no es el tema.

El punto radica en que se repiten las mismas trágicas escenas. Nuevamente, a pesar de que pasan los años; se invierten miles de millones de pesos del erario; se modifica el discurso oficial sobre combate al crimen organizado y se manipulan las cifras para tratar de convencer a los mexicanos de que se le gana terreno a los cárteles y a quienes se agrupan para asesinar inocentes, pese a todo eso, en cualquier ciudad, en cualquier poblado del país, la gente sabe que puede estar a merced de quienes con armas, decidan levantarlos, extorsionarlos o de plano, asesinarlos.

Y aunque los asesinatos en Iguala pueden parecer lejanos, en el Área Metropolitana de Guadalajara no es posible perder la memoria y olvidar en manos de la Procuraduría General de la República (PGR) el hecho de que hace unos días (22 de septiembre), en el Periférico y en plena tarde, fue secuestrado un diputado federal, Gabriel Gómez Michel, quien luego apareció asesinado y calcinado en territorio de Zacatecas.

Este hecho sorprendente —más porque le ocurrió a un hombre de la cúpula en el poder—, motivó que los diputados locales citaran a comparecer a quien es el máximo responsable de la seguridad en el estado, el fiscal general Luis Carlos Nájera. El funcionario acudió ante los legisladores y en un desplante que evidencia la calidad de víctimas en la que están todos los jaliscienses, repitió una serie de lugares comunes como los siguientes:

- Si las cifras de delitos aumentaron, eso se debe a que se denuncia más.

- Las cámaras instaladas en diferentes puntos de la urbe (las mismas que le costaron al Gobierno estatal más de 500 millones de pesos), “no lo resuelven todo”. ¡¿Qué sí resuelven?! Eso es lo que debería saberse.

- Si es alta la cifra de mujeres desaparecidas, eso ocurre porque muchas de ellas huyen de sus hogares, donde tienen muchos problemas.

Nájera apareció ante los diputados arropado por una noticia incompleta: hay cuatro detenidos por el plagio y asesinato del diputado Gómez Michel. ¿Quiénes son los apresados? ¿Cuál es el motivo por el que secuestraron y asesinaron a un médico y político que gozaba de buena reputación? ¿Cómo, dónde y por qué los detuvieron? La lista de cuestionamientos aumenta y contrasta con la aseveración fácil de que las investigaciones deben permanecer en secreto y además, están a cargo de la PGR.

Cada vez que se desata un escándalo en materia de seguridad aumenta el tono de las voces que piden la renuncia de Nájera. Lo cierto, antes y ahora, es que la sola salida del fiscal general no acaba con los delincuentes.

Pero, ¿esas respuestas? ¿Esas aseveraciones? Eso es lo que le dijo a los diputados. ¿Qué le puede decir a los ciudadanos comunes, a los que no tienen fuero ni cargo, pero padecen la inseguridad?

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