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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Darle Guadalajara a los de Guadalajara (I de II)

Darle Guadalajara a los de Guadalajara (I de II)

Darle Guadalajara a los de Guadalajara (I de II)

Bien se quiere lo que bien se conoce. Bien se espera, y se exige, lo que está claro en el conocimiento de la gente. En Guadalajara existen –ahora desarticulados– la sabiduría, el talento, los recursos y la voluntad para reconvertir una ciudad con grandes problemas en una ciudad con grandes (no grandotas) soluciones. El conjunto completo de los elementos para volverla una ciudad digna de todos sus habitantes, de sus legítimas aspiraciones, de sus demandas y sus sueños.

El primer obstáculo que hay que vencer es el desconocimiento, la ignorancia y la indiferencia acerca de qué ciudad podemos lograr entre todos. Un objetivo claro, comprensible, debatible, acordable e impulsable. Hay que empezar con lo básico: la intensiva difusión de una idea gráfica y clara del objetivo a perseguir. Una idea que pueda ser aprendida y comprendida desde los primeros grados de la enseñanza escolar, desde todos los planteles educativos de todos los niveles, desde los centros de trabajo, los colectivos, los barrios y colonias, los vecinos, las familias. Y, claro, las instancias de Gobierno, los organismos intermedios, etcétera.

Una idea plasmada en muy bonitos carteles que cualquier tapatío, adulto y sobre todo niño pueda tener sobre sus muros, ubicarse en ella, aprendérsela, marcar sus recorridos y sus puntos de referencia, imaginársela, modificarla o adaptarla, soñarla, y por sobre todo, exigirla, trabajar para lograrla, con su comunidad vecinal, barrial, cívica, con todo tipo de autoridades. Una idea general complementada con viñetas que ilustren con toda claridad ciertos barrios, ciertas infraestructuras (transporte, desechos sólidos, etcétera), parques, cauces recuperados, y lo que se ofrezca. Naturalmente, también habría una versión cibernética interactiva. Pero la tangibilidad, la inmediatez, la visión general, la belleza misma, el gusto probado de la gente por la cartografía atractiva y útil son suficientes razones para recurrir al cartel, al mapa de papel: herramienta, comprensión del presente y del posible futuro de la casa de todos.

Por supuesto que las medidas y proyecciones del nuevo plano de la Guadalajara deseada estarán en concordancia –y viceversa– con programas y planes oficiales, documentos estos –demasiado lo hemos visto–, que aunque son necesarios están muy fuera del alcance, la comprensión y el interés del común de la gente.

La primera visión general moderna de Guadalajara de que se tenga noticia fue el llamado juguetonamente “Plano Loco”, elaborado entre 1937 y 1940 por los ingenieros Pedro Castellanos Lambley y Juan Palomar y Arias. (Fue hasta 1943 cuando empezó la planeación formal de Guadalajara encabezada por el arquitecto capitalino Carlos Contreras, quien poco duró en el encargo y quien alcanzó a tomar varias ideas del Plano Loco, por ejemplo el anillo de Circunvalación).

El Plano Loco sirvió de mucho. Planteó una idea integral de la Guadalajara de entonces e introdujo las alternativas de un crecimiento armónico y ordenado. Establecía un extenso sistema de parques lineales conectados entre sí y que articulaban barrios y demarcaciones consideradas como unidades autónomas de centralidades urbanas. Planteaba ideas específicas como la de un gran parque del Agua Azul, una eficaz conexión con la barranca de Oblatos, y muchas otras.

El Plano Loco fue un inicial esfuerzo por darle la futura Guadalajara a la gente de Guadalajara. Circuló limitadamente, y muchas de sus intenciones se vieron –al no ser asumido oficialmente– truncadas por la especulación y la miopía.

El Nuevo Plano que ahora se propone –no sin grandes esfuerzos– podrá, de nuevo, darle a la población una herramienta de gusto por la ciudad, de orientación, de futuro. Podría, al fin, darle Guadalajara a los de Guadalajara.

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