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Domingo, 19 de Noviembre 2017

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¡Cumplirá medio siglo!

Por Xavier Toscano G. de Quevedo

¡El tiempo, hay Dios mío! Ese implacable instante que se va acumulando lento, pero con su inconmovible paso firme, se ha llevado ya el primer mes de este año. Cómo quisiéramos a veces detenerlo, y cuántas otras imaginamos poder regresarlo, pero es tan sólo una utopía, o quizás simples alucinaciones, que probablemente en más de alguna vez —quiero percibir— todos hemos divagado.

Pero si enero de este año ya forma parte de la historia, hoy nos toca viajar mucho más atrás en el tiempo, y en un abrir y cerrar de ojos situémonos en febrero, pero de 1967,  hablamos de cinco décadas atrás. No es muy difícil, cuando nuestra memoria visualiza claramente los sucesos que nos llenaron de gusto y satisfacción al ver el nacimiento de una nueva plaza de toros en nuestra bella —sí, por entonces muy bella— Perla de Occidente.

Algunos investigadores de nuestro Espectáculo Taurino han afirmado que el paisaje en España no puede imaginarse sin la lámina en cada pueblo de una plaza de toros. De igual forma en nuestro país, con la llegada de Hernán Cortés y la celebración del primer festejo taurino (1526), la fiesta brava se arraigó profundamente en nuestra nación, convirtiéndose en parte importante de nuestra cultura, por lo que igualmente poco a poco en nuestra geografía, las plazas de toros también pasaron a formar parte fundamental de nuestro entorno urbanístico.

¿Alguien podría imaginar nuestra ciudad sin plaza de toros? —Bueno, quizás los manipulados por ideologías de otras latitudes ¡Pero allá ellos!— Porque hoy, y únicamente gracias a la visión de un jalisciense inquieto y enamorado de nuestra fiesta, “Leodegario Hernández”, Guadalajara cuenta con su plaza de toros. Ya solamente nos separan tres días para que “La Monumental de Jalisco” pueda celebrar sus 50 años.

Seguramente aún deberá estar en la memoria de muchos aficionados los interminables meses de trabajo que dedicaron con grande esfuerzo y mucho cariño Leodegario Hernández y el hidrocálido Carlos González, para llevar a buen puerto su proyecto de construcción de la nueva plaza para nuestra ciudad. Pero no obstante a tantas trabas, continuas barreras y obstáculos, además de situación de entorpecimiento, Leodegario y Carlos finalmente consiguieron llegar a su meta: inaugurar su nueva plaza que la bautizaron con el nombre de “Monumental de Jalisco”, escogiéndose las fechas del sábado 4 y domingo 5 de aquel año de 1967.

El cartel inaugural lo integraron Joselito Huerta, Raúl Contreras “Finito” y Manolo Martínez, el encierro escogido para tan emblemática fecha del hierro zacatecano de José Julián Llaguno. “¿No qué no?” Marcado con el número 14 fue el primer toro que pisó el ruedo de la nueva plaza. El domingo 5 se dio el segundo festejo, en el que actuaron Manuel Capetillo, Juan García “Mondeño”, Paco Pallares y Chucho Solórzano, que lidiaron toros de la histórica ganadería jalisciense de La Punta, de Francisco y Carmelita Madrazo Solórzano.     

Muchos años (50) han trascurrido desde aquella tarde inaugural, que siempre estará presente en nuestra memoria. Por situación que no vale la pena recordar —¿ya para qué?— los lamentables cambios se dieron. Sin embargo lo que hoy debería cambiar y enmendarse sustancialmente para reivindicar la grandeza y verdad de nuestra fiesta, es que en el ruedo de la plaza aparezca YA —es lo más urgente— la presencia de su majestad; “El auténtico Toro Bravo”.

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