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Martes, 16 de Enero 2018
Ideas |

Cuento de un sueño…

Por Semana Santa siempre me gusta recordar a mi abuela Luisa, la madre que fue de mi madre.
                    
Orgullosa de su ascendencia libanesa, aprendió de sus padres de la poesía imaginativa de las historias y los cuentos que desde niña escuchaba y que, como la abuelita linda y querida que fue, me los transmitía en los ya lejanos, muy lejanos, lejanísimos días de mi niñez.

Por este tiempo siempre me contaba uno sobre tres cedros nacidos en la hermosura de los bosques del Líbano con la característica de que el emblemático árbol nacional tarda mucho tiempo en crecer.  Así…

Así, los tres pasaron siglos en meditación sobre la naturaleza, los hombres, la vida y la muerte, hasta que un buen día se dieron a conversar sobre el futuro:

“Después de todo lo que he visto, —dijo el primero—, quiero ser transformado en el trono del rey más poderoso…”.

El segundo comentó: “Yo quisiera formar parte de algo que convirtiera siempre el Mal en Bien…”.

El tercero se expresó diciendo: “Yo querría que cada vez que alguien me mirara, pensara en Dios…”.

Pasado el tiempo unos leñadores los derribaron embarcándolos a otro país.

Cada uno había declarado su deseo, pero la realidad nunca pregunta qué hacer con los sueños…

El primer árbol sirvió para construir un albergue para animales y el sobrante fue usado como recipiente para el forraje.
El segundo fue transformado en una mesa sencilla vendida a un comerciante en muebles y…

Y como la madera del tercer cedro no tuvo compradores, fue cortada y guardada en un almacén de la ciudad.

Los tres, al final, se lamentaban infelices diciendo: “qué pena, con lo buena que era nuestra madera y nadie encontró algo bello para usarla…”.

Tiempo después, con el cielo lleno de estrellas, una pareja que no conseguía encontrar refugio, logró pasar la noche en el establo construido con la madera del primero de los cedros.  La mujer de parto inminente terminó dando a luz allí mismo, colocando a su recién nacido entre el heno y la madera que lo apoyaba.  Fue entonces que el árbol comprendió que su sueño se había realizado cuando allí estaba el más grande de los reyes…

Años más tarde, varios hombres se sentaron en torno de la mesa hecha con la madera del segundo cedro. Uno de ellos, dio unas palabras sobre el pan y el vino que frente de Él tenía; así entendió el árbol que no solo sustentaba un pedazo de pan y un cáliz, sino la alianza entre los hombres y la Divinidad…

Al tercer día, del tercer árbol guardado, retiraron dos pedazos colocándolos en forma de cruz hasta que horas después trajeron a un hombre cruelmente herido, que clavaron en los leños.  Horrorizado el cedro lamentó la herencia bárbara y descarnada que la vida le había dejado.  No obstante, antes de que transcurrieran tres días, el árbol entendió su destino: el hombre que en él había sido clavado era la Luz que todo iluminaba cuando la cruz hecha con su madera había dejado de ser un símbolo de tortura para convertirse en señal de victoria…

Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN, tiempo de reflexión…  Días de meditación…  Conciencia del espíritu en un fondo de admiración, de alabanza, de convicción y de amor hacia Quien hasta la vida por nosotros dio pensando que…

Que como sucede casi siempre con los sueños, los tres cedros del Líbano habían visto cumplido sus deseos aunque no…  Aunque no como también casi siempre sucede, de la manera como los habían imaginado…

 

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