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Martes, 17 de Septiembre 2019
Ideas |

¿Cuáles son esas diferencias?

Por: El Informador

Por Xavier Toscano G. De Quevedo

Entre los vocablos de nuestro pueblo encontramos una serie de expresiones que se les conocen como refranes populares, que enuncian mágicamente y con mucha elocuencia verdades o realidades de nuestra conducta habitual, y de la misma manera nos permiten ver y comprender con luminosidad y sin simulaciones pasajes ordinarios de la vida que nos hacen vislumbrar contextos anómalos. Hoy utilizáremos en nuestro escrito un refrán que es más que axiomático: “Tanto va el cántaro al pozo hasta que finalmente se quiebra”.

¿Por qué pensamos era oportuno recurrir a éste refrán? es muy simple y no hay que darle tantas vueltas. Cada día que transcurre las plazas de toros de nuestro país nos muestran más cemento que público en los tendidos, y no obstante que todavía continúan neciamente —algunos indigentes paleros mercenarios— contemplando maravillas y pretendiendo maquillar la difícil y precaria situación por la que atraviesa nuestra vapuleada fiesta, la realidad es que estamos viendo con mucha angustia el resultado de varias décadas de llevar a cabo festejos intrascendentes, vacíos y mediocres, ya que empresas y actores se empeñaron petulantemente, sin mostrar el más mínimo escrúpulo y con todo descaro y altanería, prescindir en todas las plazas de la presencia real y auténtica de su majestad el toro bravo. Es por ello que los aficionados y una parte importante de público —los que sí pagan su boleto— decepcionados y molestos se fueron alejando de los tendidos. Y hoy se preguntan las empresas con “¡extrañeza y cinismo!” ¿Por qué tenemos tan pocas entradas? la respuesta es muy simple, porque a las personas no les gusta que se les viva engañando, así que; “tanto fue el cántaro al pozo…… que hoy está quebrado”.

No obstante la fatídica situación que atraviesa el espectáculo taurino de nuestro país, la soberbia de los promotores no les permite admitir sus errores, y cuando por casualidad en alguna esporádica conversación alguien de los presentes hace referencia o señala algo sobre la fiesta en España, ellos inmediatamente contestan altaneros y con agitación: “La fiesta de México no debe ser similar a la de España”. Y es que siempre ha existido la errónea e infausta idea entre los empresarios, algunos ganaderos, actores y los parásitos taurinos, que la fiesta de México es diferente. Que nuestros toreros no son iguales a los españoles —pero se mueren por ir a España— Que el toro que aquí se lidia es de características diferentes. En resumen que nada deberá ser igual. ¡Valla necedad y disparate mayor!

Éstas interrogantes, y otras más, son las causas de por qué no ha sido posible en las últimas décadas recuperar la grandeza y el prestigio que antaño tenia la fiesta y nuestros toreros en México y fuera de él. Así que no hay que vendarle los ojos al público, ni tratar de confundirlo y mucho menos pretender engañarlo con falsas adulaciones en cuanto se refiere al espectáculo que se viven hoy en nuestro país, ya que no hay ninguna razón, ni debería ser diferente al que se da en otros países donde existe la fiesta brava.

Lo que sí habría que señalar y sobretodo afirmar, es que nuestro espectáculo de hoy, sí es diferente al de España, y esto es derivado de la poca honestidad que existe entre los promotores, actuantes y personas involucradas en la realización de los festejos. ¿Las causas? son muchas y muy variables, pero la que podemos enmarcar: como número uno, es la falta total y absoluta de interés por parte de las autoridades por preservar y salvaguardar nuestro espectáculo, y otorgarle la categoría histórica y cultural que la Fiesta Brava representa para un sector muy importante del pueblo de México.

Llegar a entender esta cuestión fue la causa principal que motivó a las autoridades de España para que asumieran cabalmente su responsabilidad sobre el espectáculo taurino, calificándolo como “La Fiesta Nacional”, y finalmente tomaron con toda seriedad, fuerza y rigidez la vigilancia total de todo aquello que involucrara la realización de las corridas de toros.

Esta actitud que asumieron las autoridades dio paso a la recuperación de un espectáculo que también a ellos se les estaba escapando de las manos, y que venía perdiendo categoría y prestigio por el capricho y la conveniencia —como siempre sucede— de algunos toreros que le estaban causando muchísimo daño, asociado de la misma manera a autoridades displicentes —¿dónde más he visto una situación similar?— que no querían asumir con integridad y honradez su responsabilidad.

Hoy que vemos las actuales condiciones y el comportamiento inflexible que han tomado las autoridades españolas y más patentemente en sus principales plazas, y cotejarlas con la nula disposición y la deplorable actitud de las nuestras, es claro e indiscutible que existen diferencias, porque aquí estamos viviendo una fiesta similar o idéntica a lo que se ve y se vive en un pueblo sin ley, en el que los prepotentes y opresores hacen su nefasta voluntad.

La fiesta brava de nuestro país, cada día que pasa se ve envuelta en un padecimiento bastante crónico, que la podría llevar a un escenario todavía más peligroso, por la inoperancia y la soberbia de los fatuos promotores que no aceptan ni quieren admitir sus nefastos errores. Por lo que es primordial y necesario que cuanto antes —esperando que no sea ya muy tarde— llegue el cambio forzoso e indispensable que a nuestra fiesta le urge. Y éste iniciará cuando todos entiendan que el eje central y único de ésta fiesta es su Majestad, El Toro Bravo.

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