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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Con la ayuda de Dios

Por: María Belén Sánchez, fsp

Decíamos en la reflexión anterior, que el ser humano no es “unidimensional” lo que quiere decir que integra en su ser varios niveles, como podemos observar en las distintas categorías de seres vivos pero las personas, por el hecho mismo de serlo, tienen una elevada cantidad de dimensiones vitales; lo que pasa es que ni siempre nos preocupamos por desarrollarlas todas, ni siempre las usamos, ni les damos la debida importancia.

Por tal motivo nos quedamos a medias, pero a lo largo de estas reflexiones, iremos profundizando en algunos aspectos qué atañen a lo más íntimo de la persona como ser humano completo y pleno, hoy podemos reconocer, que somos débiles, incapaces para algunas cosas, fragmentarios y a veces desequilibrados:

Si le dedicamos mucho al trabajo, descuidamos la familia, si nos metemos en frivolidades, olvidamos lo importante, si le entramos al vicio, nos atrapamos en sus redes y desatendemos los aspectos vitales. Si nos centramos en lo material y físico, relegamos lo espiritual…

Nuestro 100% vital ha de repartirse en una sana dimensión de intereses, manejando prioridades, no precisamente en lo que más agrada o en lo que más conviene sino en lo que es más provechoso para la

realización, el crecimiento y el desarrollo integral de la persona.

La próxima vez, en el siguiente tema tocaremos un punto que es muy común, porque parte de lo más íntimo del ser, pero no siempre lo manejamos adecuadamente. Se trata de ayudas efectivas que pueden dar dimensión a la vida y hacerla subir de nivel.

Frecuentemente escuchamos: “Dios te ayude” “Le pido a Dios que me eche una mano” “Con la ayuda de Dios”…

También hay personas que se sienten autosuficientes y creen que pueden hacerlo todo por sí mismas y que no necesitan para nada la ayuda divina; y de pronto vemos que aunque presuman mucho, no logran sus metas plenamente, ni con satisfacción profunda. Se quedan a mitad de camino o no integran su ser en todos los aspectos: así hemos visto personas que logran subir muy alto en ámbitos profesionales y de paso destruyen su familia. O personas que en lo económico dan un salto de altura, y en lo espiritual van en declive.

Por lo tanto el equilibrio de los niveles personales es uno de los primeros empeños de la persona y esto tiene que empezar a desarrollarse desde la infancia.

Es precisamente para esto para lo que necesitamos la ayuda de Dios, ya que por nuestras solas fuerzas, tenemos la tendencia de ir hacia abajo, de resbalar

por un tobogán que muchas veces conduce al callejón sin salida de una vida plana y gris.

En el próximo tema seguiremos hablando de la formula eficaz y efectiva de conseguir la “ayuda de Dios”, que no es mágica ni automática, sino producto de una vivencia profunda.

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