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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Comprar espejitos

Comprar espejitos

Comprar espejitos

Es bien sabido que los mexicanos nos deslumbramos fácilmente con las ofertas que nos vienen a hacer los extranjeros. Nos pueden vender muchas cosas y casi todas las compramos.

Hay quien dice que se trata de un sentimiento de auto devaluación que nos lleva a sobrevalorar lo que viene del extranjero. Y que por ello somos muy propensos a quedarnos con los productos y servicios que se hacen en otros países, evidentemente cuando nosotros mismos los consideramos como superiores, y no darle prioridad a los nuestros.

Conozco a varios empresarios e instituciones en México que contratan especialistas españoles, alemanes o americanos, sólo por el simple hecho de la buena impresión y curriculum que ellos tienen, sin antes investigar si en México hay gente también competente en ese campo.

Genera mucho más prestigio a una universidad traer un conferencista foráneo y pagarle su boleto de avión, hospedaje y estipendios, que pagarle a un mexicano por mucho menos que eso. Aunque prácticamente estén al mismo nivel académico.

Parece que impacta más en el auditorio, de casi cualquier nivel, un acento de Argentina o de España, y más aún de países centro europeos y nórdicos, que escuchar un acento de Sonora, Veracruz o Michoacán.

El tema tiene que ver en lo que aún persiste en nuestro colectivo, lo creado en México, sobre todo a nivel académico e intelectual, no tiene todavía el peso suficiente como para que le demos el lugar que se merecen.

Desde luego que hay que reconocer que en todo el mundo existen mentes brillantes y grandes talentos. Y que ciertamente vale la pena escucharlos y tenerlos en casa, especialmente en una universidad. Pero también vale la pena sondear los grandes talentos que existen en México, antes que importarlos.

Regularmente un directivo de una universidad pública o privada, cuando va a un congreso internacional, hace una lista de buenas relaciones y de ahí surge invitarlos a su próximo evento en México, sobre todo a los más destacados. Y los invita sin explorar qué es lo que tenemos en México en esa misma ciencia.

Y ya cuando están aquí en México se les dan las mejores atenciones, se les otorgan los lugares privilegiados, condecoran y hasta incienso les ponen. Lo que difícilmente harían con un mexicano. A quien de entrada no serían capaces de pagarles los estipendios y honorarios que les pagaron a los extranjeros.

No se puede negar que sí hay grandes eminencias y destacados académicos en el extranjero, que vale la pena invitar, pero no sin considerar que en México también los hay.

Por un principio de respeto a nuestra propia identidad, vale la pena fortalecer e incrementar el reconocimiento y prestigio a los propios mexicanos talentosos y con trayectorias ejemplares, antes que andarle otorgando premios a extranjeros, que muy probablemente ni se los merecen ni están a la altura de los locales.

¿Será parte del famoso malinchismo? Todavía somos propensos a comprar espejitos, que realmente no valen gran cosa y no apreciamos el oro que tenemos.

 

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