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Lunes, 21 de Octubre 2019
Ideas |

¿Cómo moverse en una ciudad sofocada? Por un cambio de enfoque personal

Por: Juan Palomar

¿Cómo moverse en una ciudad sofocada? Por un cambio de enfoque personal

¿Cómo moverse en una ciudad sofocada? Por un cambio de enfoque personal

Existe un gravísimo problema para moverse en Guadalajara con eficiencia y seguridad. Todos lo padecemos a diario. Aunque no nos movamos: la contaminación generada por el transporte es altísima: aire tóxico, ruido, vibraciones. Y moviéndose es peor. A lo anterior se acumula una irreparable pérdida de tiempo, un significativo desgaste personal, el dispendio económico en una gasolina cada vez más cara (consumida por una minoría), el deterioro de los vehículos, el gasto cada vez más oneroso para reparar las superficies de rodamiento, la degradación de todos los entornos, especialmente los patrimoniales. El sofocamiento de la vida cotidiana.

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Para esta problemática, lo acostumbrado es esperar grandes soluciones generadas por el gobierno. El que sea, de cualquiera de los tres niveles. Soluciones desde arriba, frecuentemente inescrutables, de costos exorbitantes o impagables, de gestión muy complicada. ¿Qué se puede hacer, ante esta situación, desde abajo, desde cada individuo, cada familia?

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La respuesta puede ser: racionalizar al máximo los modos de movilidad requeridos. Con una consideración básica: el método del uso intensivo del auto particular no tiene remedio. Es un callejón sin salida. Ni en ciudades con enormes recursos, como Los Ángeles, se ha podido evitar, a pesar de todas las muy costosas obras, que los usuarios de los coches cada vez la pasen peor: gasten más tiempo y dinero por trayecto, padezcan más desgaste y peligro personal. Y la ciudad en general, en consecuencia, cada vez la pasa peor.

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Guadalajara, muy ingenuamente (o perversamente) ha gastado decenas y decenas de miles de millones de pesos en tratar de que quepan más coches en las calles. Desde los años cincuenta empezó esa “política” que se siguió por décadas, a un precio elevadísimo, e injusto para las mayorías. Y, con toda evidencia, se ha fracasado: basta observar el tráfico cotidiano. No es por ahí: es más que hora de tomar conciencia.

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Racionalizar la movilidad de cada individuo significa realizar un análisis cuidadoso de los desplazamientos habituales y de las alternativas para cada desplazamiento. Y actuar en consecuencia. Por generaciones existió la noción de que los ciudadanos no estaban completos sin las llaves del coche en la bolsa, y el coche estacionado lo más cerca posible, además. Esto ya no opera: de hecho, nunca operó. Los muchachos más listos y desprejuiciados de las nuevas generaciones ponen la muestra: mezclan la marcha a pie, la bicicleta, el camión (el “chato”, le dicen), el tren ligero, los taxis, los servicios de conducción, y cuando les es indispensable, piden prestado o hasta rentan un coche o camioneta.

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Si se evalúan fríamente y con cuidado los movimientos en la ciudad, con sus costos y beneficios, cada familia o individuo podrá diseñar un plan de movilidad que le puede reportar grandes ventajas en lo personal y en lo económico. ¿Cómo? Usando “multimodalmente” todos los medios que usan los mencionados muchachos. Por supuesto que esto supone un cambio de actitud, una adaptación, la superación de nociones tales como asignarle al coche una parte del “estatus” de cada quién, la democratización de sus costumbres. Pero es, ya, algo que es indispensable hacer en defensa propia, en defensa de la ciudad, la casa de todos.

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