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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Carta de encomio al presidente municipal

Carta de encomio al presidente municipal

Carta de encomio al presidente municipal

Nuestra ciudad está sufriendo una fuerte transformación. Poco a poco, quienes habitamos en el Valle de Atemajac, estamos perdiendo la condición de “vivir abrazados al suelo”, como se nos suele decir. Ahora la tendencia, supongo que es natural, es ir en busca de las alturas.

Por doquier, y a buena velocidad, se construyen edificios enormes que no dejan de asustar a quienes estamos todavía impuestos a mirar lejos. Los hay, cabe reconocerlo, los que resultan ser de buena factura y hasta agradables de contemplar, pero también abundan unos verdaderos adefesios diseñados quizá con la peor intención. Como decía mi difunto amigo, Juan López Jiménez, “están hechos por nuestros enemigos”.

Pero hay algo peor: abundan también los contrarios a toda previsión urbana. Es decir que, al terminarse, componen un verdadero problema de circulación, de estacionamiento, de abastecimientos de agua, de disposición de drenaje, etc. Además, constituyen una flagrante violación a la civilidad pues la construcción se emprende sin las autorizaciones correspondientes. No les importa. Al fin y al cabo todo se arregla con una multa o con una untada de una insignificante proporción del valor de todo el pingüe negocio.

Muchos vimos con agrado las expresiones de las autoridades municipales en el sentido de que se proponen meter en cintura a los autores de tales desaguisados. Ojalá sea cierto y que, además, la ciudadanía respalde sus acciones punitivas, cuesten lo que cuesten.

Son estas líneas, señor presidente, una excitativa a que endurezca la mano. No cabe el diálogo ni la conmiseración cuando se trata de individuos que emprenden sus acciones con el mayor dolo del mundo, importándoles un soberano cacahuate el daño que le causen al futuro de la comunidad. En la mayoría de los casos su truhanería consiste en declarar una cosa y hacer otra; es decir, actuar con toda la mala intención.

En esa entidad de nombre impronunciable, CDMX, ha dado señales de vida una tal PAOT (Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial) que, aparentemente, se ha fajado los pantalones y, aparte de las multas correspondientes por haber infringido las leyes, se propone imponer a unos delincuentes de las pomadosas Lomas de Chapultepec, “la demolición de lo construido y la reposición del área libre correspondiente”. De ser así, ello sería una acción que pondría a pensar a tales malandrines antes de cometer su fechoría y hacer las cosas apegados a la legalidad y la conveniencia de todos.     

La ciudad, señor presidente, usted así lo ha dicho, no debe considerarse un botín ni para los funcionarios públicos ni para sus “desarrolladores”.    

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