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Miércoles, 23 de Octubre 2019
Ideas |

Carísima democracia nacional

Por: Jorge O. Navarro

Carísima democracia nacional

Carísima democracia nacional

Mientras el mundo entero esperaba con ansia el resultado de las negociaciones entre republicanos y demócratas en Estados Unidos, pues un rompimiento definitivo podía causar una inesperada crisis económica mundial, en México –atento también al desenlace– se dio a conocer un hecho que en otras latitudes habría generado un estallido social: en los últimos 11 años este país dio a los partidos políticos 36 mil millones de pesos. De esos partidos, nueve ya ni siquiera existen.
Y si esta cantidad de dinero es escandalosa, va una cifra mucho mayor: 117 mil 464 millones de pesos se gastaron, a partir del año 2000 y hasta la fecha, en el Instituto Federal Electoral (IFE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la escasamente conocida Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Electorales (Fepade). De estos tres órganos, el IFE consumió 86% de ese monto: 101 mil 258 millones de pesos. La fuente de esta información es un estudio titulado “El Financiamiento Público Federal aprobado al IFE, TEPJF y la Fepade (2000-2011)”, elaborado por el Centro de Documentación, Información y Análisis de la Cámara de Diputados. Entre cifras tan enormes se pierde el sentido de proporción. ¿Cómo medir todo lo que el presupuesto público nacional se ha gastado en partidos políticos, el IFE y el Tribunal Electoral? Hay un ejemplo reciente que puede facilitarlo, es el endeudamiento del Ayuntamiento de Guadalajara para uno de los proyectos más grandes y polémicos de los últimos años: la repavimentación de 33 calles principales en la ciudad. A este plan elaborado por el Gobierno de Aristóteles Sandoval, y que todavía alimentará muchas críticas, se destinaron mil 100 millones de pesos por la vía de una deuda. Pues sólo en el IFE se han gastado más de 90 veces esa cantidad en una década. El Instituto Federal Electoral ha requerido este océano de dinero de un país que en los últimos años incrementó sus habitantes en pobreza extrema, para organizar elecciones y darnos las autoridades que tenemos… En Guadalajara, se presume, cuando menos quedarán los pavimentos con una vida útil de 30 años. La conclusión inmediata es que tenemos una democracia carísima. Y todo ese gasto nos compra una realidad que no vale casi nada. Las instituciones que surgen de los procesos electorales están cuestionadas, casi paralizadas, dominadas por élites autoritarias que en el seno de los mismos partidos políticos que debieran estar abiertos a la ciudadanía, hacen todo por apropiarse de los espacios de gobierno y del presupuesto siempre escaso. Las reformas estructurales en materia laboral, judicial, educativa, energética, política y más, están congeladas desde hace años o avanzan lentamente, siempre a conveniencia de esos grupos de poder que, fácticamente, constituyen un gobierno paralelo. A México le urge un cambio de modelo desde la raíz. Debe administrarse con raciocinio  y abrir en sus instituciones desprestigiadas, espacios para que ingrese el ciudadano y con él, la confianza.

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