Miércoles, 01 de Diciembre 2021

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Buenos prospectos, pero; ¡atención con Mendoza...!

Por: Francisco Baruqui

Al fin, por fin y en fin, para los aficionados a los toros,arrancó la temporada novilleril enmarcada, como siempre, con la ilusión esperanzadora de que la savia nueva de la torería nacional, proyecte promesas, que de noveles se trata, para que el interés vuelva a las plazas en el buen ánimo de los que disfrutamos con la más bella de todas las fiestas.

Tarde soleada, espléndida, sin viento, pero con una entrada de apenas un octavo, unas dos mil almas taurinas, que con entusiasmo concurrimos.

Y el festejo no desanimó a nadie, toda vez que los bureles de Claudio Huerta, demasiado “bonitos” por cuanto a tipo y a la pobreza manifiesta de sus defensas, miserable en alguno casi corniausente, lo que demerita el sentido de seriedad e importancia, tuvieron a su favor movilidad y nobleza dentro de una mansedumbre dúctil que dio facilidades para el lucimiento de los de a pie.

Claros, abriéndose mucho a los engaños, fueron descongestionados en las varas, llegando con son y medido recorrido a las muletas, sin mirar más que las telas, dando confianza a los toreros que disfrutaron. Destacó el corrido en quinto, el que más trascendencia tuvo, tanto por cuanto a lámina como por cuanto a juego, mereciendo los honores de arrastre lento al final.

Y buena prospección en la tercia, con tres chavales de cortes y estilos diferentes, como diferentes sus expresiones y personalidades. Todos, sí, animosos y con el deseo permanente de triunfo, como con las limitaciones lógicas en los que empiezan en la tan dura como extraordinaria profesión.

Que su primer astado se le fue vivo a corrales por las muy deficientes maneras con las espadas, pues sí, que ni qué. Pero que en Antonio Mendoza puede haber un torero importante, también…

El espigado joven que se siente torero en todo momento, aún cuando la taleguilla celeste y oro le quedaba floja mostrando arrugas, —de llegar, lo que le deseo con toda fe, ya tendrá para estrenar ternos a la medida y gusto—, desbordó su toreo de capa y muleta con una expresión de hondura, de garra, de estética que impacta llegando fuerte a los tendidos.

Variado capote en el que lució a la verónica, lances de espalda de recibo al cuarto y quitando en engarce de gaonera, tafallera y caleserina con revolera de remate escuchando aplausos.

Con la muleta va a más. Es templado y mandón, se reune y embragueta poniéndose en el sitio de las figuras, ligando ayudados por abajo con la diestra y naturales con la de cobrar, — y seguramente que cobrará—, haciendo el toreo verdad, ajustado, reponiendo lo mínimo y aplicando la elasticidad de sus muñecas en series y remates con auténticos de pecho que se le jalearon con fuerza, cerrando con bernadinas muy ceñidas pasándose de faena.

Y si bien a su segundo lo despenó de entera desviada que bastó, con el que abrió tarde escuchó los tres avisos de rigor siendo devuelto el de Huerta a los chiqueros. Varios defectos palpables exhibió en sus fallas con los aceros. Se queda en la cara, no se pasa en el embroque dejando quieta la mano de la muleta, que en el toreo decimos que es la que mata porque con ella se encela. Carece de tranquillo, pues…

Pero toreando como toreó, aplicándose con el aparato y corrigiendo los errores, podrá enseñarse a matar.

Me agradó su actitud cuando despenando al cuarto y teniendo ligera petición, tuvo la vergüenza torera de ni siquiera dar la vuelta más que merecida, saludando desde el tercio.

Insisto y repito, en Antonio Mendoza puede haber un valor con talla de excepción.

Y se presentó el hijo del matador aquicalitense Luis Fernando Sánchez, Diego de nombre. Un jovencito alto, desgarbado, con la incipiencia natural, pero con la cualidad del temple. Su toreo tiene ritmo aplicándolo con la zarga, hilvanando series de toreo por abajo que le valieron ovaciones. Seguro tiene mucho por dar, como también por aprender.

Sus formas se basan en la dinastía de la que viene con su padre y Ricardo su tío. Muletazos largos, con dimensión, despatarrado, e insisto templando, pero abusando de la largueza de brazos sacando siempre demasiado afuera la cabeza de las reses… Despegado, pues y con cites estentóreos que poco gustan al respetable, sugiriéndole atender más al sentido de torería que va en el respeto a los accesorios del vestido como lo es la montera, la que lanza al callejón de una forma poco ética. No olvidar que el toreo es liturgia, ceremonial, y las maneras deben estar acordes a la propiedad del mismo.

Al insignificante segundo le cortó un apéndice al cobrar entera en sitio tras de una labor lucida. Y con el soberbio quinto de arrastre lento, solo saludos.

Largo camino tiene para andar, deseándole la mejor de las suertes.

El apellido Pastor de gratísimos recuerdos por otra dinastía con su tío, Víctor y su padre César, le llega a José Mari con la referencia del buen corte, de elegancia, de clase, cuando ésas cualidades identificaron a la casa, a la que guardo especial afecto por las andanzas de su progenitor que vivimos en sus temporadas españolas. Gratos recuerdos César, que sí…

Pues ésa es la línea de José Mari que maneja la capichuela con soltura y expresión, lanceando a la verónica como quitando con variedad y salero haciéndose aplaudir, como lo hizo con las banderillas luciendo estupendamente, mirándose fácil, encontrando toro en cualquier parte del ruedo, templando desde el cite y en el viaje, para clavar en lo alto tanto en cuarteos o al sesgo y quebrando de inicio llevándose carretadas de palmas.

Con la flámula se desempeña conociendo los terrenos y distancias ante reses bonancibles y sosonas a las que faltó transmisión. Sabe caminarles en la cara y ligar las series, cayendo incomprensiblemente en la vulgaridad de moda impuesta por algunos coletas hispanos, de despojarse de las zapatillas sin razón alguna cuando la arena está en condiciones. Usted José Mari, no necesita de eso, tiene toreo para agradar y proyectarse.

Lo que sí, hay que afinarse con los estoques corrigiendo errores similares a los de Mendoza, lo que le valió dos avisos en el tercero, dando vuelta al ruedo en el sexto tras de cobrar entera al encuentro que bastó.

Esperanzador inicio y a repetir, que solo viéndole la cara al toro se pueden ir cuajando los toreros…

Atención con Antonio Mendoza, con todo y novillo al corral...