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Jueves, 17 de Enero 2019

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Broncas aparte...

Por: Jaime García Elías

Broncas aparte...

Broncas aparte...

Como preámbulo, hubo palmas tibias —o frías, de plano— para el director Marco Parisotto cuando apareció en escena; al final, aclamaciones entusiastas. Lo primero, quizá porque trascendió entre los asistentes el malestar de algunos músicos de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ) por lo que algunos califican de acoso laboral, y otros de discriminación. Lo segundo porque el quinto concierto de la Tercera Temporada 2014, la noche del viernes en el Teatro Degollado, fue, musicalmente hablando, espléndido; memorable.

Parisotto justifica las medidas que ha tomado, al remover de sus puestos a varios atrilistas de la OFJ, por el nivel de excelencia que aspira a lograr con el ensamble. Y pasó a probarlo: tanto la interpretación de la monumental "Octava Sinfonía en Do menor", de Bruckner, como la dirección misma, resultaron memorables. Para nadie es un secreto que las partituras brucknerianas —consideradas por muchos musicólogos como la cumbre del género sinfónico del romanticismo— son complejas en grado superlativo. Implican, por tanto, notables exigencias para sus intérpretes. Demandan un respeto y una disciplina superlativas. Requieren de una presencia dominante en el pódium, porque es indispensable transmitir desde ahí, tanto a los músicos como al público, la portentosa intensidad de la obra, lo mismo en los pianísimos sublimes, casi etéreos, que en los colosales fortísimos, casi apocalípticos.

Si Parisotto fue respetuoso del tempo, impecable en las entradas, magistral en los matices, la orquesta estuvo a la altura. No cualquier charanga toca a Bruckner como Dios manda; no basta con buena voluntad para demostrar que Sergiu Celibidache tenía razón cuando aseveraba que “al que no le guste Bruckner, tiene oído de leñador”.

La OFJ, cuyos progresos han sido notorios en las últimas temporadas —lo que invita a pensar, a propósito del actual conflicto, que para alcanzar la excelencia a veces son inevitables los sacrificios humanos—, sonó como un grupo adulto, maduro, señorial. Fue la suya una lectura magistral, consagratoria; una de las mejores veladas de los últimos años; una interpretación a la altura de una "Nuevo Mundo" dirigida por Juan Carlos Lomónaco, y una "Primera Sinfonía" de Brahms en la era de Alondra de la Parra como titular. No obstante la mala fama de “pesada” que tiene la obra, seguro que si el viernes hubiera habido repetición, muchos de los asistentes se habrían quedado.

El programa, como de ordinario, se repite este mediodía, a partir de las 12:30 horas.

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