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Jueves, 23 de Noviembre 2017

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Batalla de Puebla

Batalla de Puebla

Batalla de Puebla

Las fuerzas francesas avanzaron hasta Orizaba, disponiéndose a ocupar el país, bajo la responsabilidad de Almonte, (hijo de Morelos) quien se denominaba “ Jefe Supremo de la Nación” y preparaba la llegada para Maximiliano. En Puebla esperaba a los franceses el Gral. Liberal Ignacio Zaragoza. Los franceses confiados con la facilidad que habían avanzado desde la costa, atacaron en escaso número y fueron derrotados el 5 de Mayo de 1862. Se entusiasma, Don Justo Sierra por el triunfo del 5 de mayo, reconociendo que como batalla es de segunda categoría. Peritos militares imparciales, evalúan la victoria para Lorencez, porque Zaragoza pudo haberlo hecho pedazos atacándolo durante la retirada.

Lo grave para el patriotismo esta en la exageración que falsea la verdad, para convertir en hechos marciales gloriosos, que no merecen sino censuras. Sentando un precedente desastroso para la conducta del ejército, y poniéndolo en ridículo ante la opinión extranjera. Sí  observamos con atención, advertiremos la selección de nuestras fiestas patrias, es también obra de la sutil propaganda poinetista, que inicia nuestra epopeya nacional con Hidalgo y Morelos, que mataban españoles y se continúa con Zaragoza que mató franceses, es decir latinos. Nunca mencionan los hechos de armas  gloriosos del continente, aquellos que la sangre hispano indígena, se derramó defendiendo la herencia del Imperio español americano, en contra del anglosajoismo desbordado.

Es triste que todos los fastos nacionales resulten episodios del programa poisentista. Y sería ya tiempo de crear un nuevo calendario cívico en que hallasen sitio las hazañas fecundas para un nacionalismo de tradición latina, en vez de las efemérides de la lenta, implacable y tortuosa conquista nueva.

Pues al perder los franceses en Puebla, no ganamos nada nosotros, ganó un punto el plan de la hegemonía de Norteamérica. Justo Sierra afirma que el 5 de Mayo, defendió Zaragoza la “integridad de la patria mexicana”. Lo cierto es que los franceses no querían desintegrarnos sino integrarnos en nacionalidad vigorosa. En cambio, Zaragoza contribuyó indirectamente a la integridad de la Federación Norteamericana. ¡Con razón se le alaba en Texas! Reconoce don Justo Sierra que si Maximiliano se adelanta un año, lo que hubiera podido hacer sin el tropiezo de Puebla, el Imperio hubiera llegado a tiempo para celebrar alianza con Lee el General suriano de los Estados Unidos; en cuyo caso la secesión yanqui hubiera sido un hecho. Pero no llega a afirmar Don Justo Sierra lo que debiera ver un niño criado en territorio mexicano, y es que la secesión convenía a México, convenía la continente latino. Sin el triunfo de los Unionistas no hubiera retornado Juárez, pero tampoco habría triunfado en el Nuevo Mundo el Monroísmo.

Formalizada la invasión francesa por la ruptura de las negociaciones de la Soledad y el retorno del General Prim a España, los franceses avanzaron desde Orizaba otra vez sobre Puebla que resistió 2 meses, y en seguida sobre la capital. Engrosadas sus filas por un sinnúmero de voluntarios mexicanos, Forey explicaba su misión “como un medio de poner un hasta aquí a la influencia de los Estados Unidos en el continente.” Desde el principio los franceses se comprometieron a respetar los derechos de quienes hubiesen adquirido bienes nacionalizados. Era esta una medida elemental de político que sabe no se puede volver sobre los hechos consumados; los conservadores se quedaron sorprendidos que los que aparecían como su sostén, se convirtieron indirectamente en aliados de la Reforma.

Con más de 30 mil hombres entró Forey en la capital, siendo recibido según Sierra,  “al son de alegres y sonoras fanfarrias, en junio de 1863”. “Los balcones veían también, callados casi todos, aunque en su mayor parte engalanados por orden superior”, frase textual de Sierra. Y dice José Vasconcelos, autor  de, Breve Historia de México, donde leí este escrito, Primera Edición, 1937.

“Yo no sé si los balcones ven, pero afirmó que ni liberales ni Don Justo Sierra, vieron la oportunidad que se perdía de hacer un gobierno nacional independiente de Washington. La cuestión de principios fundamentales lo resolvió Forey, reafirmando la liberad de cultos y dando a la iglesia católica su carácter de religión de Estado.
 
Quedando  una junta de Regencia formada por Almonte, Labastida, Aguilar…  mientras llegaba… Maximiliano.

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