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Lunes, 16 de Septiembre 2019
Ideas |

Ayotzinapa

Por: Laura Castro Golarte

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Por si no nos hemos dado cuenta, por si no nos ha caído bien el veinte, no sabemos, no queremos o no hemos tenido tiempo de ver, la situación es muy grave y lo peor es que no se avizora en el horizonte una decisión inteligente, orden o indicación precisa e insoslayable para resolverla, al contrario. Las acciones son tímidas y erráticas mientras la sociedad directamente agraviada (indirectamente somos todos) se fortalece. Es proporcional.

Por el título sabe el lector a qué me refiero. La semana pasada escribí que nos necesitamos juntos y así es, por todo y para lo que sea, porque la crisis que se desató en Guerrero y que en realidad se suma a otras recientes y añejas, pinta para que se ponga peor.

Quisiera creer que las declaraciones del padre Alejandro Solalinde, en quien sí confío, fueran mentira. Quisiera, pero es muy difícil. El viernes, ayer, el padre defensor de migrantes afirmó, luego de platicar con testigos, que los 43 jóvenes “desaparecidos” fueron quemados vivos y que el Gobierno “evalúa” el momento de hacer el anuncio por “cálculos políticos”. No me extraña, ni me sorprende, pero sí me asquea. El padre sostiene —y lo sabemos— que el manejo no es de justicia, es político… Y eso lo hace doblemente criminal porque mantienen a los familiares con la esperanza mientras ellos hacen, como dice el padre “rapiña electorera”. Inconcebible, intolerable.

¿Desde cuándo sabe el Gobierno la verdad? ¿Y el teatrito del Presidente de que se dé prioridad a la búsqueda de los jóvenes? Por favor ya basta.

Y ni crean que con “cortar una cabeza” será suficiente… ni siquiera 10 o 20; los corren y tan campantes. Esto se tiene que resolver de fondo se quede o se vaya Ángel Aguirre. En otros tiempos, dentro de este mismo sistema, las crisis se aplacaban con un “corte de cabeza”, certero y de tajo, a manos del verdugo mayor que no tenía más que dar la orden. Se tranquilizaban sí, pero no se resolvían. Sin embargo, creo que ese esquema no es suficiente hoy en día y mucho menos con una crisis cuya solución es una demanda internacional: conocer el paradero de los 43 jóvenes normalistas desaparecidos desde fines de septiembre pasado, hace menos de un mes.

A través de redes sociales, de YouTube, de manifestaciones de gobiernos y autoridades parlamentarias, de imposición de condiciones incluso o amenazas comerciales, es ya un consenso mundial la exigencia de que el Gobierno mexicano dé cuentas sobre los muchachos desaparecidos y los asesinados entre los días 26 y 27 de septiembre.

A lo largo de esta semana se ha generado información alarmante porque el enojo de los guerrerenses es descomunal y por lo general es lo que pasa cuando se está frente a un acto de injusticia e impunidad de esta magnitud, alimentado ahora por las dos decenas (por lo menos y —lamentablemente— contando) de fosas con muertos y más muertos de los que ahora también se hace urgente saber por qué y quiénes son.

El lunes, estudiantes y profesores quemaron el Palacio de Gobierno en Chilpancingo y, en una declaración por demás increíble, pero que deja en evidencia la actitud de la clase política en general, Aguirre afirma que es un acto de provocación… Perdón pero ¿quién provocó a quién? ¿Qué no se dan cuenta? Están como pasmados, como idos, pensando no sé qué, que los va a salvar no sé quién, alguna producción televisiva o que simplemente es una pesadilla que contrasta con su mundito color de rosa y pronto despertarán.

Desde el jueves se anunciaron marchas y la toma de las 81 alcaldías de Guerrero, de hecho, cuatro ya están tomadas igual, por estudiantes y maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación del Estado, entre ellas por supuesto la de Iguala a cuyo, ahora ex alcalde, ya le fue aplicada la revocación de mandato pero sigue prófugo. Y sobre quien ya había advertencias, nada menos que de parte del obispo Raúl Vera, quien desde junio del año pasado lo denunció ante la PGR (que no quieran salir con que es un asunto del PRD, todos tienen cola que les pisen en el asunto; el PRI y el PAN más toda la pedacera).

Ayer viernes, bastaba con ver las noticias minuto a minuto para percibir la gravedad del asunto: “Alistan megamarcha en Acapulco”, “Alumnos toman CU de Oaxaca por caso Iguala”, “Prevén bloqueo de Autopista del Sol por Ayotzinapa”, “Maestros toman casetas y alcaldías de Guerrero”, “Hallan cuatro nuevas fosas en Iguala”, “Continúan protestas en Guerrero por desaparecidos”, “Estudiantes toman caseta en La Marquesa”, “Protestas y cierre de ayuntamientos ponen a Guerrero al borde de la parálisis”… Mientras usted me hace favor de leer esta columna todo esto está publicado en los diarios de hoy.

Desde afuera, desde la percepción del concierto internacional que de pronto es caprichosa, el ensalzamiento (pagado o no) de Peña Nieto y sus reformas ha cesado; de hecho hasta se dice que además de reformas lo que urge en México es “ley y orden”, pero a lo que me quiero referir es a que, desde afuera, por lo general no se hace una clara distinción en cuanto a que es el Gobierno de un Estado, cuyo titular no es del mismo partido que el del Presidente de la República, el principal responsable. Desde afuera se agarra parejo y es México el que está mal. Y así es. Los focos rojos están en todo el país. Ayer mataron a una joven tamaulipeca que a través de Twitter advertía sobre situaciones de riesgo.

Esto es inaceptable, es una vergüenza y el dolor se extiende por el territorio nacional ¿qué están esperando? Apenas puedo contener las náuseas.
 

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