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Jueves, 17 de Octubre 2019
Ideas |

Arquitectura e indispensable poesía: contraveneno

Por: Juan Palomar

Arquitectura e indispensable poesía: contraveneno

Arquitectura e indispensable poesía: contraveneno

Es difícil
obtener las noticias en los poemas
y sin embargo los hombres
mueren miserables
por falta
de lo que allí
se halla.

William Carlos Williams

Han desaparecido alarmantemente del lenguaje arquitectónico usual ciertos conceptos centrales para una arquitectura digna de tal nombre. Ya los enumeró Barragán en su discurso del Pritzker. Pero nunca está de más abundar. Ciertos maestros contemporáneos hablaban de la poesía como irreductible esencia de la arquitectura. “Hacer la cosa poética, y luego construir alrededor de ella.”

Lo anterior puede sonar insólito en un medio en que la ganancia a cualquier precio, la codicia y la vulgaridad son los principios sobre los que se construye tanto de lo que se hace pasar por arquitectura (y por vida). Basta voltear alrededor. No es un asunto para encogerse de hombros, aun para los que creen que no tienen que ver con la manera como se construye la ciudad y sus componentes. William Carlos Williams lo sintetizó magistralmente en el epígrafe que precede estas líneas: la poesía es el pan del que también vive el hombre y su ausencia nos mata –literalmente- tarde o temprano.

La fealdad, el adocenamiento, la cuachalotez, el desprecio por el otro, por vías conscientes o inconscientes, experimentada, como ahora sucede, a diario, deprime crónicamente. Y la depresión –bien se sabe- es la pendiente hacia la muerte, o por lo menos hacia una vida mortecina, menguada. No nos equivoquemos: la fealdad y el desorden deprimen a la ciudad, la orillan a vivir a medias, a dar a sus habitantes un lento, o rápido, veneno para el alma.

La poesía dista mucho de ser, solamente, unos renglones cortos sobre un papel o unos “versitos” sobre un muro. La poesis, significado y raíz de la poesía, es la energía con la que el género humano se eleva sobre sí mismo y abre mejores horizontes. Cada ejercicio en hipotética arquitectura (en su proyecto), debiera ser un humilde esfuerzo por plasmar la poética del lugar (el genius loci), la poética que puede encerrar el género que se aborde, las actividades a desarrollar allí. Desde un taller, un edificio de oficinas, un corredor urbano, una fábrica, una casa; sobre todo una casa… todo es potencial materia de elevación, de gozo, de introspección, de instintivo reconocimiento agradecido y de belleza.

Bien se sabe que a los miembros del distraído gremio de la arquitectura –en su mayoría- lo anterior les puede sonar a invenciones guajiras, a romanticismos trasnochados, a rollo norteado. Pero es algo absolutamente real, inmediato, tangible. E indispensable para no morir miserablemente. Consúltese a los grandes arquitectos contemporáneos. Los verdaderamente grandes, como Álvaro Siza, por ejemplo (guglearlo). Y se verá que la poesía es la materia inicial, básica, indispensable y trascendente de la arquitectura que necesitamos.

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