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Apocalipsis

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El nuevo nuncio papal, Franco Coppola, llegó con su flamígera espada apocalíptica desenvainada, declarando que México es un país azotado por la pobreza y la violencia. Independientemente de que tiene razón y de que además, se quedó corto en sus apreciaciones (no habló de corrupción), no nos gusta que vengan de fuera a decirnos nuestros defectos, que bien los conocemos. Eso lo hizo también el hocicón  Donald Trump. Más agradeceríamos que nos mostraran el camino para combatir nuestros males.

Para completar el cuadro apocalíptico de los cuatro jinetes, cabe agregar la corrupción y la devaluación. Los cuatro caballos bíblicos son: el caballo blanco que sale blandiendo un arco y le fue dada una corona, parece referirse al Anticristo a quien le será dada autoridad y conquistará a todos los que se opongan a él; se asemeja a la clase política que entronizamos y azota a la población con el flagelo de la corrupción; el caballo bermejo, al que lo montaba, le fue dado el poder de quitar de la tierra la paz y que se mataran unos a otros; es la violencia que quita de México la paz, matándose unos a otros; el caballo negro el que lo montaba tenía una balanza en la mano, y se escuchó una voz que decía “dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañar el aceite ni el vino. Se refiere a una gran hambruna que tendrá lugar por las guerras producidas por el segundo jinete. La comida escaseará pero el vino y el aceite están disponibles; nos recuerda que se inclina más hacia el norte con la abrumadora paridad del dólar que minimiza el valor de nuestro peso, que si le agregamos los tres ceros que le quitó Carlos Salinas a nuestra moneda, un dólar vale 19 mil 564 pesos y, el cuarto caballo, el amarillo, montado por la muerte, le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra; la cuarta parte de la población es la que está en pobreza extrema. Lo que necesitamos no es que nos señalen nuestros males, sino que nos recomienden acciones para abatir la pobreza, para fortalecer nuestro peso, para combatir la delincuencia y para abatir la corrupción.

La pobreza no disminuye con las ayudas de los programas de desarrollo social, son solo paliativos, la pobreza se combate creando fuentes de empleo y esto sólo se logra con una política fiscal adecuada con estímulos para emprender negocios y traer capital de donde lo haya. La corrupción no se combate con decretos, se ataca con el ejemplo y el castigo, todos odiamos la corrupción. La devaluación no se combate vendiendo nuestras reservas de dólares, se abate disminuyendo la deuda del gobierno y manejado el presupuesto con austeridad. La criminalidad no se disminuye con leyes de derechos humanos, se abate acabando con la impunidad, y el tráfico de drogas, legalizándolas. Ya basta de protestas, es tiempo de pasar a las propuestas.  Se necesitan 100 mil firmas para pedir apoyo a la ONU  para traer a México un modelo como el que ya existe en Guatemala y Honduras que permite crear un organismo investigador de actos de corrupción.

 

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