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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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Anticorrupción; los engranes del sistema

Anticorrupción; los engranes del sistema

Anticorrupción; los engranes del sistema

Lo corrupto no se quita con leyes, esto creo que todo lo tenemos suficientemente claro. Nadie dejará de ser corrupto porque exista una ley más o menos estricta, así como nadie deja de matar, secuestrar o robar porque aumenten las penas corporales en los códigos penales. Lo importante es que tengamos un sistema que inhiba la corrupción, pero sobre todo que, en dado caso de perseguir un delito, tenga con un poco más de posibilidades de éxito. De eso se tratan las reformas, de darnos un conjunto de herramientas que cierren el camino al cochupo y que, cuando se tenga que perseguir un acto de corrupción tengamos más fuerza nosotros que ellos.

Justamente por eso, porque no se trata de una cosa u otra, sino de un sistema, cada engrane es importante y no podemos decir esto quedó corto pero acá nos recuperamos. Todo es fundamental porque el todo funciona gracias a las partes.

Dos de los engranes principales de este sistema son el Fiscal Anticorrupción y el Auditor Superior. El primero depende del Ejecutivo, el segundo del Legislativo. Ambos poderes defendieron como gatos boca arriba la posibilidad de meter mano en esos nombramientos o si se prefiere de no perder el control en esas esferas.

La propuesta de que el Fiscal Anticorrupción sea nombrado a partir de una criba previa hecha por el Consejo Ciudadano evitaría que el gobernador en turno ponga un fiscal a modo, algo que está en la naturaleza de todo político. Como quedó la reforma constitucional el gobernador está obligado a atender al Consejo Ciudadano pero no limitado a que solo pueda proponer a un candidato avalado por el consejo. Esto, que parece una tontería, no lo es, pues por más que en las leyes secundarias, como dicen que lo harán, especifiquen mecanismos de participación ciudadana, estas recomendaciones no son vinculantes, es decir, el gobernador no está obligado a acatarlas.

En el caso del auditor sucede lo mismo. Los diputados no quisieron soltar el control del auditor. La función de la auditoría sigue siendo una atribución exclusiva del Congreso, eso nadie lo discute ni lo pelea, lo que queremos es un auditor que dependa del Poder Legislativo, pero sea independiente de los diputados en turno y de los poderes fácticos. Como quedó la reforma la auditoría seguirá siendo un brazo largo de los poderosos, no un aliando de los ciudadanos que garantice el buen uso de nuestros impuestos.

Si la llamada cuesta un peso, diría mi amigo Verea, da igual si tienes 95 centavos o 15, de cualquier forma no hablarás por teléfono. La discusión no es, pues, si la reforma es buena o mala, si está al 80%, 90% o 95%, sino si asegura un sistema independiente y que funcione. Hay que esperar las reformas a layes secundarias que deben hacerse esta semana para terminar la evaluación, pero, por lo pronto podemos decir que el sistema tiene algunos engranes demasiado pequeños como para hacer girar a rueda.

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