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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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'Algo para recordar'

'Algo para recordar'

'Algo para recordar'

Curioseando en algunas viejas publicaciones, aparecen ante nosotros personajes cuyas actuaciones marcaron esas épocas; actuaciones que en buena parte fueron narradas con la objetividad que siempre ha caracterizado a EL INFORMADOR en su primera etapa, hechos que usted ahora puede consultar directamente en la espléndida hemeroteca que ofrece al público este diario, textos especiales y únicos, que merecen que los estudiosos de nuestra ciudad y los que sin ser sabios nos damos el gusto de ser curiosos justificados, tan sólo porque nos pega nuestra regalada gana serlo.

Uno de esos personajes que encontré en estos documentos fue Don Luis C. Medina, quien llegó entre otros cargos a ser presidente municipal de nuestra ciudad, presidente municipal y no alcalde, que no estamos en España, y ellos no pudieron gozar a ese alcalde tan tapatío a quien tanto debemos, pero antes de llegar ahí, vaya que vivió hechos que en este tiempo se ven como normales y que en aquéllos no los creían posibles.

Tanto que por correlación de ideas recordé que en el Café Gijón madrileño existía una tabaquería (para todos aquellos que han vivido en el fascismo antitabaco, les recuerdo que en esos sitios vendían puros y cigarros, dentro de los restaurantes), duró mucho tiempo ahí y cuando murió, la administración puso un pequeño cuadro que me gustaba mucho y que recordaba a “Alfonso, cerillero y anarquista”, pero que debió ser contemporáneo y cercano en muchas ideas a don Luis.

Decía haber nacido en Guadalajara el 11 de diciembre de 1988, de niño fue llevado a la Ciudad de México donde estudió las primeras letras (en aquel tiempo la primaria era de cuatro años), trabajó como sastre en  el Palacio de Hierro y en la Compañía de Tranvías Eléctricos -cuyo sindicato era famoso por  combativo- y en 1911 se unió a la Revolución bajo el mando del General Emiliano Zapata, hasta la paz pactada en ciudad Juárez.

Regresa a la capital, donde es partícipe con otras personas de la fundación de la Casa del Obrero mundial, sin la que resulta impensable la historia del movimiento obrero. Una vez de regreso a nuestra ciudad, funda con Esteban Loera (y así consta en su credencial de ingreso el 25 de enero de 1916), un sindicato de sastres; de ese modo llega a la una candidatura a diputado por el segundo distrito, hay una propaganda de 1918 a la que aspiró, junto con el panadero Regino Ramírez y él como sastre, promovidos ambos como Candidatura Obrera Independiente.

Participa en movimientos que ahora mismo serían considerados como impensables, como ejemplo doy el sindicato de inquilinos, que causó incluso muertes; éste sostenía que los propietarios no podían establecer libremente las rentas. Se trata de mucha vida, imposible de narrar en nuestra pequeña charla dominical y de la que tan sólo comparto destellos.

@carlosmorsa

 

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