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Acción de respuesta…

A mi mente viene un pensamiento que con pocas palabras dice mucho: LA VENGANZA ES UN PLATO QUE SE DEBE COMER FRÍO…

Se habla mucho de los motivos que Donald Trump tiene, en su afán por atacar a México y a los mexicanos. Que fue sorprendido en un negocio que no le cuajó, que esto, que lo otro, pero el caso es que a la vista y a todas luces, su odio representa todo lo visceral que enmarca en sus acciones y reacciones.

Pero también el desaguisado que está armando a nivel internacional, apenas con unos cuantos días de haber tomado posesión como presidente del país más poderoso del orbe, llevando los conflictos como punta de lanza, hace que el futuro inmediato se vea turbio, amenazante y temeroso.

Ése es su estilo “negociador”. Infundir con la amenaza, el miedo y el temor dentro de una actitud barriobajera, de taberna barata, confrontándose sin el menor respeto, en los distintos ámbitos de los que tiene en la mira.

Mal, pésimamente mal la lleva con la profesión periodística de la que asevera una deshonestidad a ultranza. Con una torpeza inaudita ha puesto en jaque a la comunidad judía, al tiempo mismo que va por la prohibición de ingreso a ciudadanos de siete naciones árabes, enfrentándose a la Unión Europea que, dada la manifiesta simpatía que le acerca con Rusia, ha hecho que se le esté considerando como una amenaza para la seguridad misma de la comunidad del Viejo Continente, lo que está llevando a debatir en Inglaterra, sobre la aceptación o el rechazo de una visita próxima que tiene programada.

Pero son México y China a los que está declarándoles una guerra comercial que nada de bueno puede traer que no sean negativas consecuencias.

En escritos anteriores señalaba que, con todo y por todo, Trump no la va a tener tan fácil, pese a la bravuconería humillante que ha tomado como emblema para su estilo personal de gobernar.

Y he señalado esto, porque ante una realidad de globalización en la cual se vienen desarrollando los mercados más significativos, el proteccionismo que a la postre lleva al aislamiento, es la señal clara de una irrealidad.

Los EE.UU., -algo que parece intenta ignorar el presidente-, tiene intereses con casi todo el mundo. Exporta, sí, pero también importa, y esto es algo que debe de tomar, y muy en serio, en consideración, cuando ahora mismo la industria norteamericana produce también en factorías diseminadas por todo el planeta, y no con el giro de una varita mágica, de la noche a la mañana, todas las empresas retornarán al país para abastecer las necesidades de consumo, y las miras a solo exportar. Esto, créalo amable lector, es imposible.

Y más imposible, por las consecuencias que tendrían con el encarecimiento de los productos, ya por el más alto costo de la mano de obra estadounidense, y más por los impuestos con los que intenta el exótico personaje gravar a las importaciones.

Ahora mismo el tema del Tratado de Libre Comercio de América del Norte está a discusión, cuando las negociaciones se encuentran a la vuelta de la esquina, y con visos nada prometedores dada la actitud y el estilo de Trump, que teniendo a Steve Bannon, como su excoordinador de campaña y asesor especial, un racista de ultraderecha que le ha marcado y le marca pauta al excéntrico presidente, hace pensar que la negociación podrá ser tortuosa, ríspida, desgastante y hasta violenta.

Peña Nieto y sus delegados han tenido que tragar de todo. Duele decirlo, pero es así. Han soportado hasta ahora ser la carne ante el cuchillo y el yunque para el martillo, pero han mantenido las formas. El principio diplomático tradicional mexicano prevalece. El buen estilo contra la patanería sí, pero…

Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN, es tiempo también de responder sin altanerías pero con determinación, jugando con astucia y ASESORAMIENTO, MUCHO ASESORAMIENTO negociador, con gente capacitada, de nivel, con altura y reconocimiento de distintos sectores, -NO SOLO EL POLÍTICO-, las piezas que México tiene a su favor, que las tiene, sin dejarse intimidar por la influencia y la fuerza que busca el daño del más débil.

Si de allá se quiere aplicar impuestos, sean fronterizos o de cualquier otra índole por lo que se exporta, también de acá se puede hacer para lo que se importa, que también es mucho por ambas partes, y variadas situaciones que se deben y se tienen que negociar, sí, pero en distinto tenor y sin ningún temor, sin olvidar que…

Que el que toma venganza es igual a su enemigo, pero el que la pasa por alto es superior a su adversario.

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