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Martes, 21 de Noviembre 2017

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AMLO, empresarios, aeropuerto y seguridad

Ahí están las imágenes de la reunión privadísima. Andrés Manuel López Obrador con un impecable traje azul y camisa blanca (de esos que no se usan en las campañas), en un jardín pletórico de flores, bajo una carpa que alberga a más de una docena de los principales empresarios del país, en una comida en la casa de uno de sus nuevos asesores, Marcos Fastlicht, un destacado empresario de la comunidad judía y suegro de Emilio Azcárraga. Están ahí dueños de medios, de empresas, constructores, inversionistas, incluyendo a María Asunción Aramburuzabala, quien días atrás suscribió el Acuerdo Político de Unidad en respaldo de la candidatura del ex jefe de gobierno capitalino.

La comida fue hace apenas unos días y demuestran que más allá de los discursos sobre “la mafia del poder” (había allí más de uno que han recibido ese calificativo), López Obrador mantiene buena relación con personajes centrales del mundo empresarial y de los medios.

Es una buena noticia. Lo desconcertante es que el candidato de Morena no refleje esa buena relación en su discurso político y económico. Muchos de los hombres y mujeres que estuvieron en esa comida en la casa de Fastlicht (como en muchas otras con Andrés Manuel) están preocupados, lógicamente, por la seguridad, por el futuro de las inversiones, por la corrupción. Y no sé qué les dirá en privado el tabasqueño, pero en público sus opiniones sobre el tema son lamentables.

Veamos por ejemplo la reciente y buena entrevista que le hizo Ciro Gómez Leyva. Uno no puede menos que sorprenderse que cuando le preguntan a un hombre con altas posibilidades de acceder a la presidencia de la república, que ya fue jefe de gobierno y que tiene otras dos campañas presidenciales en su haber, no pueda o no quiera contestar sobre qué va a hacer con la seguridad del país, o cómo se las va a arreglar si retira a las fuerzas armadas del combate contra la delincuencia organizada, como insiste en prometer. Contestar con lugares comunes sobre que se acabará con la corrupción y que habrá ofertas de estudio y trabajo y que con eso se acabará con la delincuencia es, para decirlo suavemente, una tontería en un país donde hay casi 20 mil muertos al año por ajustes de cuenta de grupos criminales. ¿Qué hará con las fuerzas armadas? ¿qué con la policía federal? ¿apoya o no el mando único? ¿cómo combatirá a los principales grupos criminales? ¿qué sucederá con la relación de seguridad con Estados Unidos? ¿y con las naciones centroamericanas? No son preguntas capciosas ni que estén fuera de contexto: es lo mínimo que deberíamos esperar que nos conteste cualquiera que aspire a llegar a la presidencia de la república.

Otra respuesta de Andrés Manuel que es desconcertante es la referida al nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Sigue diciendo que cancelará esa obra porque no es necesaria. ¿De dónde puede sacar semejante barbaridad? ¿quién lo asesora en esos temas? Andrés Manuel ya fue el responsable de bloquear la construcción del aeropuerto cuando era jefe de gobierno, durante el sexenio de Vicente Fox. Entonces se dejó trascender que lo hacía porque quería ser él quien impulsara esa obra, con su propio proyecto, cuando llegara al poder en el 2006. El de Fox tenía algunas deficiencias que eran subsanables, pero el presidente se venció y decidió no seguir adelante. Fue la mayor derrota política que sufrió en su sexenio. Desde entonces perdió la confianza de muchos inversionistas.

El actual proyecto aeroportuario es formidable, avalado por las principales instancias internacionales e imprescindible para la ciudad y el país. No entender sus beneficios es no comprender los fundamentos de la economía global y nacional. Pero decir que si llega a la presidencia en diciembre del 2018, cancelará la construcción equivale a tirar a la basura inversiones que para esa fecha estarán en torno a los 200 mil millones de pesos de una obra que si bien no estará terminada, sí entrará en su etapa final. Si López Obrador es presidente tendrá el alto honor de inaugurar la más importante obra de infraestructura del país en más de dos décadas. ¿Qué sentido tiene destruirla?

Para colmo, la propuesta alternativa de López Obrador es mandar a construir dos pistas en la base aérea militar de Santa Clara, una opción que ya ha sido descartada por los especialistas internacionales en el tema. Una propuesta que recuerda aquella que se esgrimió para frenar la construcción en el sexenio de Fox: que los patos impedían que funcionara un aeropuerto (sic). Cancelar un aeropuerto internacional ya casi terminado, que fue licitado con base en todas las normas internacionales y donde participan empresas nacionales y extranjeras, sería un golpe brutal para la confiabilidad del país.
    
López Obrador tiene, lo ha demostrado, buena relación con muchos empresarios. Varios de ellos tienen intereses en proyectos estratégicos, como lo es el propio aeropuerto y todos, ellos y nosotros, necesitamos gozar de seguridad pública y jurídica. Esas son las garantías que tiene que ofrecer Andrés Manuel.

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