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Lunes, 14 de Octubre 2019
Ideas |

43 razones para no olvidar

Por: Dolores Tapia

43 razones para no olvidar

43 razones para no olvidar

Estamos a dos años de la terrible desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Sus padres los siguen buscando, llevan carteles, la gente siembra plantitas en nombre de los jóvenes, aún a pesar de todo se resisten a perder después de todo lo perdido.

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La esperanza no puede morir, debemos trabajar por ella.

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Los padres de los 43 rechazan la versión del gobierno –la opinión pública también la ha rechazado-, insisten con el caso ante Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Nosotros también debemos insistir, reunirnos, no olvidar, alegar, buscar, resistir, no olvidar.

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Hay quienes señalan que la insistencia de los padres es en vano, cómo podrían encontrarse 43 jóvenes con vida a dos años de semejante tragedia, pero tal vez estén en una mina –piensan-, en un cerro trabajando para los narcos, en alguna cárcel oculta por la indolencia del gobierno, la indiferencia de las autoridades lo único que ha hecho es alimentar el fervor de sus padres para buscarlos.

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En este México hay 28 mil desaparecidos (y contando). El hecho de hacer de una fecha (como el día de ayer) Día de la Indignación, debería (o eso pienso yo) obligarnos a tomar acciones comprometidas y no solo a armarnos un memorial.

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Recuerdo la pasión enardecida por encontrar a esos 43 jóvenes, que éramos todos, las marchas, las lágrimas al solo pensar en 43 chicos indefensos frente a grupos armados, en la noche para amanecer con la indolencia de las instituciones, el dolor de los padres frente a un país herido.

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Me indigna que dejemos que nos oscurezca el olvido, me indigna que vayamos al Zócalo a corear con la Gaviota (que es lo único que hace como buena actriz de tele) vivas y hurras frente a un hombre que representa a una instancia que parece no hacer nada en materia de Derechos Humanos.

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Es verdad que los discursos claros surgen de una sociedad que ya sanó su herida, pero nuestras heridas parece –a veces-nos adormecen, nos quitan el espíritu, nos llevan lejos. Hay, habrá, sigue habiendo 43 desaparecidos y muchas versiones contradictorias. Hay cientos, hay millones en todos los rincones del país. Hay silencio, hay dolor, hay palabras para usarse, para hacer empatía con los otros y con las familias.

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Por cada desaparecido, una acción, un momento, una luz, una idea.

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Hace dos años desaparecieron 43 normalistas, jóvenes que estudiaban para maestros en Ayotzinapa.

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Vuelvo a pensar en las siguientes preguntas: ¿Dónde metes 43 estudiantes una noche para que no aparezcan nunca? ¿Cómo las autoridades no son capaces de resolver un caso como este?

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¿Cómo podemos nosotros ser capaces de olvidarlo? ¿Cómo logramos vivir sin involucrarnos? En este México de hoy, nos siguen faltando 43 estudiantes: una gran tragedia en la historia contemporánea.

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