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Lunes, 21 de Octubre 2019
Ideas |

1824 - 2014

Por: Celso Rodríguez González

El pasado día cuatro de octubre se cumplieron 190 años de haber sido promulgada la primera Constitución de nuestro país; las condiciones políticas prevalecientes en aquella época guardan cierta coincidencia con las de ahora que emulan el fuerte y prolongado debate entre centralismo y federalismo.

Recién estrenada como nación independiente apenas tres años atrás y agotado el fugaz periodo del emperador Iturbide, México se encontraba en la disyuntiva de definir su soberanía y forma de gobierno para lo cual debía consensuar entre sus 19 entidades y territorios la mejor de las decisiones.

Por un lado, las fuerza políticas más poderosas en ese entonces pugnaban por la centralización de poder en una sola Entidad dada la amplitud del territorio y la diversidad de liderazgos además de la dificultad que implicaban las revueltas y levantamientos a lo largo y ancho de lo que entonces era la nación, por lo que proponían retirarle facultades a los gobiernos regionales y concentrarlas en el Presidente.

En otro extremo, estaban los responsables de la entidades y territorios que desde luego no estaban dispuestos a ceder su poder e influencia, más aún pugnaban por constituirse como un país independiente antes que ceder su autonomía a un Gobierno central, llegando, incluso a crearse temporalmente la república de Texas en el norte y la república de Yucatán en el sur como muestra de la fortaleza de su postura.

La solución a esa disyuntiva provino en gran medida de la propuesta jalisciense que le apostaba a la autonomía de las entidades y regiones cediendo sólo la soberanía a un Gobierno central que los representaría, tal como años antes se había materializado con éxito en el vecino país del norte que justo por ello se denominó Estados Unidos de Norteamérica.

En coincidencia con los jaliscienses promotores del federalismo, otras entidades fijaron su postura que finalmente logró mayoría y además vencer las inercias centralistas, dando al país una conformación de la que aún se conservan algunas de sus características, la forma de Gobierno en una república, democrática, popular y representativa y la división de poderes replicada en cada estado por mencionar algunas de ellas.

A 190 años de la aprobación del primer cuerpo normativo mexicano, en la actualidad con las recientes reformas en materia electoral parece revivir el debate principal entre centralismo o la autonomía de los estados, al asumir el Gobierno nacional la designación de los integrantes del órgano especializado en elecciones así como de los Magistrados Electorales locales, desvinculandolos de facto de la potestad que de su designación tenían los Gobiernos de los Estados.

Los argumentos para modificar la forma de su designación que aterrizaron en la criticada reforma electoral, se fundan en los ahorros presupuestales que representaría y el blindaje de la necesaria independencia de esas instituciones, lo que ha sido parcialmente puesto en duda con las recientes designaciones de consejeros y magistrados en la que se atribuye a sus integrantes vinculación con fuerzas políticas del Estado.

Cierto que los funcionarios designados han demostrado su preparación y capacidad para el desempeño del puesto y a eso apelamos los ciudadanos, a poner el interés de Jalisco antes que el de grupos, partidos o personas.
 

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