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* Waterloo de Osorio

* Waterloo de Osorio

* Waterloo de Osorio

Para calificar una derrota de México ante Jamaica, en el idioma español sólo hay un vocablo a la medida: fracaso.

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Aunque Jamaica ya ha sido finalista en la Copa Oro, los antecedentes daban a México —“el gigante de la Concacaf”, según eso— el rol de favorito obligado…

Lo sabían los mexicanos. Lo sabían los jamaiquinos. Tan lo sabían unos y otros, que el planteamiento del partido de ayer en el Rose Bowl de Pasadena, California, fue una copia al carbón del enfrentamiento que las dos escuadras habían tenido en la fase inicial del certamen: con México esforzándose en conjugar el verbo jugar, y Jamaica haciendo lo propio con el verbo especular.


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Los roles estaban perfectamente definidos: mientras los jamaiquinos, como la vez pasada, se agruparon con dos líneas de cuatro defensores para cerrar los espacios hacia su marco, los mexicanos tuvieron la mayor parte del tiempo la posesión de la pelota. La hicieron circular por toda la cancha. Ocasionalmente, a pesar de que los espacios eran reducidos y los rivales se aplicaban a cubrirlos, los tricolores acertaron a pasar a instancias más trascendentales: penetración y remate.

Habría que decidir, llegados a ese punto, hasta dónde llegó el mérito de Blake, arquero jamaiquino, en el disparo de Dueñas (desviado por un zaguero) y el contrarremate de Torres, y en los remates de cabeza del mismo “Cubo” en el primer tiempo y de Gallardo en el segundo… o hasta dónde puede hablarse de falta de oficio de los atacantes mexicanos, cuando el destino les dio la oportunidad de convertirse en los héroes de una batalla que ahora, ya perdida, pudiera calificarse, con un poco de imaginación, como el Waterloo de Juan Carlos Osorio.

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Ayer quedó claro que la habilidad de Elías o Pineda o el toque del “Dedos” López son insuficientes ante un rival dotado del orden y la disciplina táctica que los jamaiquinos exhibieron las dos veces que se enfrentaron a los mexicanos, por una parte…, y cuando, por la otra, no se tienen rematadores solventes.

No hay manera de probarlo, porque lo que le faltó al “Tri” no depende de la teoría ni de las sesiones de entrenamiento, sino de la materia prima disponible; pero lo que ayer le sucedió a Osorio, igualmente les hubiera sucedido, si hubieran estado en su lugar, a Guardiola, Mourinho, o cualquier otra vaca sagrada del futbol.

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