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* Venció… sin convencer

* Venció… sin convencer

* Venció… sin convencer

La exigencia, esta vez, era doble para el seleccionado mexicano: vencer y convencer. Vencer, para seguir con vida en la Copa América a la que llegó con la exigencia de disputar el título. Y convencer, para asegurar la continuidad del proceso de Juan Carlos Osorio, por lo menos hasta el Mundial del año próximo.

Se hizo la primera parte de la tarea. El trabajo se facilitó porque el gol tempranero de Pizarro, apenas a los tres minutos de juego, lejos de modificar el planteamiento inicial de las dos escuadras, de obligar a los catrachos a tomar la iniciativa, hizo evidentes sus carencias y propició que el “Tri”, con una alineación casi idéntica a la que empleó en el primer partido del certamen, se convirtiera en dueño de cancha y pelota.

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Quedó la duda de si la hegemonía táctica, la posesión de la pelota y el evidente dominio territorial era reflejo de la superioridad mexicana —más clara, esta vez, que en los enfrentamientos con Jamaica y Curazao— o, por el contrario, reflejo de la crisis actual del futbol hondureño (ni sombra del que muchas veces fue el rival más temible de México en la zona geográfica en que lo colocó el destino), y la historia del partido consistió en administrar, con menos acierto que fortuna, durante 90 minutos, el gol —un capital muy exiguo— conseguido casi de entrada.

Podría objetarse que el dominio táctico y territorial de los mexicanos fue, hasta cierto punto, estéril; que hubo mucha circulación de la pelota, pero se careció de profundidad; que si bien es cierto que Corona, baluarte en la defensa del marco mexicano en el partido anterior, ante Curazao, esta vez se limitó a ser espectador, salvo cuando evitó un gol “olímpico” de Alex López cerca del final del partido, también es cierto que, salvo en un tiro libre —el clásico “ollazo”—, el “Tri”, en el primer tiempo, no supo generar un solo peligro serio sobre el marco hondureño, y en el lapso complementario fue incapaz de traducir en aproximaciones de gol –¡una siquiera…!— el sentido que Elías Hernández aportó como orquestador, y la colaboración de Pizarro, Pineda y Sepúlveda para triangular por los costados.
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Aunque no tiene gol, México ya está a un paso de la Final. Como ya se apuntó, hizo la primera parte de la tarea. La segunda –convencer— quedó pendiente… otra vez.

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