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Martes, 21 de Noviembre 2017

Ideas

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* Polémicas

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* Polémicas

De una cosa podemos estar seguros: si Roberto García Orozco no hubiera sancionado con penalty a favor del Monterrey, el sábado, la dudosa mano de Samudio en el área americanista, y si Jorge Isaac Rojas hubiera marcado la pena máxima en la interferencia de Murillo sobre Bosselli, en el área del Pachuca, la escandalera hubiera sido exactamente la misma que se armó a raíz de la decisión de uno y de la indecisión del otro.

El destino del árbitro, llámese como se llame, es idéntico al del “cuetero”: si la pirotecnia funciona, le silban; y si no funciona… también le silban.

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Ni siquiera las múltiples repeticiones, merced a la sofisticada tecnología disponible en la actualidad, de esos lances que resultaron decisivos para determinar a los finalistas del Torneo de Clausura, contribuyeron a que hubiera consenso en ningún sentido.

En el lance de Samudio hay que considerar tres situaciones: una: el límite entre el hombro y el brazo es, a simple vista, un tanto impreciso; si el balón pega entre brazo y hombro, ¿la acción debe sancionarse como mano…? Dos: si Samudio tocó el balón con el hombro derecho, ¿el árbitro, que estaba a su izquierda, podría precisar, con absoluta certeza, en qué parte del cuerpo del zaguero americanista pegó la pelota…? Y tres: si el juez de línea más cercano estaba a la espalda del zaguero americanista, ¿era el suyo el ángulo visual ideal para ilustrar al árbitro central al respecto…?

En la disputa de Murillo y Bosselli en el área del Pachuca, que generó la otra polémica mayúscula de la jornada, el primero se atraviesa en el camino del atacante argentino que, al tratar de disparar, golpea la pierna de aquél. Murillo, pues, ni golpea ni pone zancadilla a Bosselli, pero impide que éste haga contacto con el balón. El silbante, en esas condiciones, interpretó, seguramente, que el zaguero del Pachuca y el atacante leonés tenían, en el lance, la misma intención: jugar la pelota: uno para tirar a gol, el otro para despejar.

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El asunto, al final de cuentas, remite a la vieja lección de “El Mago” Helenio Herrera: “¿Cuándo es faul?: cuando dice el árbitro… ¿Cuándo es off-side?: cuando dice el árbitro… ¿Cuándo es penalty: cuando dice el árbitro”.

Y si no, a la igualmente añeja moraleja de la historia: “El árbitro es un buen ladrón crucificado en medio de dos cristos”.

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