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Lunes, 11 de Diciembre 2017

Ideas

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* Ofensas

* Ofensas

* Ofensas

Criticar, disentir incluso, es propio de personas inteligentes; llevar las discrepancias al terreno de la ofensa, en cambio, es propio de barbajanes. Lo uno es positivo; bien dice el adagio que “De la discusión —entendida como la confrontación de opiniones— sale la luz”. Lo otro es nefasto: no aporta ninguna idea; no favorece el debate civilizado, y sí, en cambio, incomoda al ofendido, retrata como un patán al ofensor… y, al final del cuento, impide el diálogo del que pudiera salir alguna enseñanza.

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Pocos entrenadores —incluidos los más exitosos de que se tenga memoria: Sepp Herberger, Helenio Herrera, Helmut Schön, Rinnus Mitchels, Vicente Feola, Mario Zagallo, Arrigo Sacchi, Carlo Ancelotti, Vicente Del Bosque, Pep Guardiola, José Mourinho…— estarán exentos de la experiencia de que el monstruo de mil cabezas (o 100 mil, o las que sean), en el estadio, como las turbas primero y los césares a continuación, en el Circo romano, se pronuncien, sumaria y estentóreamente, por su sacrificio.

El “¡Fuera Osorio!” que se escuchó el domingo en el Rose Bowl de Pasadena y el lunes en el Aeropuerto de la Ciudad de México, a raíz de la derrota del Tri ante Jamaica en la Semifinal de la Copa Oro, sólo se habría evitado si la Selección mexicana hubiera acertado a enderezar, en los cinco minutos finales —con Chuy Corona convertido en atacante… y no precisamente por obra y gracia de las “rotaciones” que tanto se critican al entrenador— lo que se torció definitivamente con el gol agónico que dio a los caribeños el pase a la Final que supuestamente “tenía que ser” de México.

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El “¡Fuera Osorio!” es un desahogo visceral. Es una expresión de la comprensible —aunque no necesariamente razonable— frustración del aficionado que va al estadio —o se apoltrona frente al televisor— animado por la ilusión del triunfo de su favorito, pero reacio a admitir la superioridad del adversario (como cuando se perdió ante Alemania en la Copa Confederaciones)… y mucho menos a digerir la derrota ante un rival teóricamente inferior (como Jamaica).

Agresiones verbales como las que, adicionalmente, hubo para Osorio, no retratan, felizmente, ni a todos los críticos ni a todos los aficionados mexicanos —por más resentidos que estén por lo ocurrido—… pero sí a quienes las profirieron.

(Dicho lo cual, abrimos en este espacio, con la venia del ector amable, un receso de una semana).

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