Martes, 11 de Mayo 2021

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* Decepciones

Por: Jaime García Elías

* Decepciones

* Decepciones

Aunque al Guadalajara le sirvió para asegurar matemáticamente el boleto para el baile (la llamada “fiesta grande del futbol mexicano”), tanto el empate de los rayados en León como el del Atlas ante el América, en casa, dejaron cierto sabor a derrota en el paladar de sus simpatizantes.

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Se dirá que las “Chivas” enfrentaban, en calidad de visitantes, a un equipo que desde la llegada de su nuevo timonel, Javier Torrente, ha sido la antítesis del que, con Luis Fernando Tena como timonel, al arranque de la campaña, era un cheque al portador para cualquier adversario…

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Al margen de tales antecedentes, el Guadalajara tenía el reto de congraciarse con sus feligreses después de la reciente derrota ante Querétaro en la Final del Torneo de Copa. Dos circunstancias le pusieron la victoria en la mano: la superioridad numérica que tuvo desde el minuto 14, a raíz de la expulsión del novato Leonel López, y la ventaja en el marcador que le dio, 10 minutos después, el gol de “Chofis” López.

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El 10 rojiblanco, por cierto, fue, casi sin transición, héroe y villano del episodio: héroe por el gol ya señalado; villano por fallar el penalty que pudo haber acrecentado la ventaja y eventualmente sentenciado el resultado.

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El Atlas, en tanto, jugó sin complejos… en el primer tiempo. Puso en la lona al América. Hizo acariciar la idea de que el boleto para la “Liguilla” —premio de consolación para los mediocres, según dicen— era una posibilidad real y no una simple quimera…

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A la hora de los mameyes, empero, como de costumbre, fue incapaz de porfiar tanto en lo estrictamente futbolístico (la “poca de gracia” que se necesita para bailar la bamba) como de la enjundia (la “otra cosita” de que habla la copla) para remachar la victoria y rematar al adversario. Conformista, pusilánime, perdonavidas, chaparro de espíritu, flaco de corazón, el Atlas permitió que afloraran sus complejos atávicos y se limitó a servir de comparsa del detalle que para los espectadores valió el boleto… y con el que, de paso, se escribió la historia: el golazo de Silvio Romero. Un gol sin el cual Ricardo La Volpe hubiera tenido que valerse de más cantinflismos de los acostumbrados en él para preservar incólume su aureola de “el eterno invicto del futbol mundial”.

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