Jueves, 13 de Mayo 2021

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* Debacle

Por: Jaime García Elías

* Debacle

* Debacle

El paisano, aprovechando que “a la ocasión la pintan calva”, encontró rápidamente el argumento que le devolvió el alma al cuerpo:
—Esta edición de la Copa América ha sido el purgatorio de los gigantes... empezando por México. * Decir, desde aquí, al cabo de una participación que ni a mediocre llegó —lo cual, por lo demás, era previsible—, que “no se consuela quien no quiere”, es relativamente fácil... En el caso de la presencia mexicana en el certamen que ayer avanzó a la fase de semifinales, estaba escrito que sus perspectivas estaban condicionadas a la remota, prácticamente nula esperanza de que ocurriera un milagro. Y es que todo se juntó: de entrada, las restricciones impuestas por la Concacaf para que el “Tri” pudiera participar con un elenco verdaderamente competitivo; a continuación, el escándalo de Quito, con el consiguiente desmantelamiento de un grupo ya de por sí bastante trespeleque; finalmente, los parches calientes que tuvieron que ponerse a una Selección que no fue tal y sí, en cambio, una escamocha (por definición, “sobras de la comida o la bebida”) en toda la extensión de la palabra. * Por supuesto, no es lo mismo en el caso de los otros gigantes del Cono Sur que hoy lloran a moco tendido la desgracia de su descalificación. Primero, Colombia; después, Argentina; posteriormente, Brasil; a la postre, Chile. Perú, Uruguay, Paraguay y Venezuela, en cambio, al convertirse en verdugos, en sorpresivos vencedores de encuentros a los que llegaron con los momios en contra, hicieron suya la fiesta en una instancia a la que habían llegado como modestos “colados”. Así, en lo que los historiadores deciden si esta edición de la Copa América debe llevar el subtítulo de “la debacle de los gigantes” o si, por el contrario, será inscrita en los anales como “la reivindicación de los humildes”, lo cierto es que en Argentina y Brasil, sobre todo, las derrotas ante Uruguay y Paraguay, respectivamente, alcanzan dimensiones de tragedia nacional... En el caso específico de Argentina, porque se daba por descontado que esta sería “su” Copa América por antonomasia, por el hecho de ser local. Y en el de Brasil, por el vejamen adicional de que sus jugadores no hubieran anotado siquiera un penal (para Ripley: de cuatro cobrados, ¡cuatro fallados!), en la instancia extrema de un encuentro que en teoría debió haberse resuelto favorablemente en tiempo normal.