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Lunes, 21 de Octubre 2019
Ideas |

* Bueyes

Por: Jaime García Elías

* Bueyes

* Bueyes

Tuvo que lesionarse Hiram Mier, zaguero del Monterrey, de la rodilla izquierda, en un lance que posiblemente en condiciones normales no se habría producido, para que el árbitro Miguel Ángel Ayala se decidiera a tomar la única decisión prudente, a la vista de las circunstancias: que era imposible jugar futbol en la cancha del Tec de Monterrey, convertida en chapoteadero; que era imperativo, por ende, decretar la suspensión del partido entre Monterrey y Guadalajara.

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El incidente sirvió para que los memoriosos trajeran a colación un antecedente similar: en el Torneo de Apertura de la temporada 2013, el partido Cruz Azul-Chiapas se jugó también sobre un barrizal y bajo un feroz aguacero. Aquel “partido” también dejó como saldo colateral indeseable la lesión de un jugador: la ruptura parcial del ligamento cruzado de la rodilla derecha de Gerardo Flores; la lesión exigió una operación que lo tuvo cuatro meses y medio fuera de circulación.

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Cualquiera diría que lo criterios primordiales, cuando las circunstancias climatológicas son ostensiblemente adversas para el desarrollo de un partido de futbol, tendrían que ser –póngalas, lector amable, en el orden que prefiera— la integridad física de los jugadores y el respeto del espectáculo.

Si las Reglas del Futbol confieren al árbitro, para las cuestiones de hechos que ocurren en los partidos, la potestad de decidir “a su criterio”, el mismo principio debería aplicarse para casos como el señalado. Es aberrante, por tanto, establecer en el Reglamento de Competencias, de manera tácita, la norma de que las empresas televisoras que transmiten los partidos, determinen que “si las líneas de la cancha están visibles (en la hipótesis de un aguacero como el del sábado en Monterrey), el partido debe jugarse”.

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Se dirá que prevalecen, en esos casos, los criterios comerciales… Cualquiera con dos dedos de frente entiende, sin embargo, que aun desde el punto de vista estrictamente comercial, cuantificable en pesos y centavos, las consecuencias de una lesión como la del “Jerry” Flores –la de Mier, al parecer, en principio fue menos grave que aquella— son mucho más costosas que las que normalmente derivan de la suspensión de un partido.

Permitir, en consecuencia, que los intereses de las empresas televisoras estén por encima de la integridad física de los jugadores, del respeto al deporte e incluso de los intereses económicos de los clubes, equivale al clásico “poner los bueyes delante de la carreta”.
 

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