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Miércoles, 16 de Enero 2019

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* ¿Blasfemia?

Por: Jaime García Elías

* ¿Blasfemia?

* ¿Blasfemia?

Se hablaba, so pretexto de que este fin de semana coinciden los partidos Real Madrid-Barcelona y Monterrey-Tigres, de los “Clásicos”. En el foro, uno de tantos que seguramente hubo durante la semana, se tocó de manera tangencial otro “Clásico” del futbol mexicano: el Guadalajara-Atlas. Y hubo, por parte de alguno de los expertos (“de cuyo nombre…”, etc.), la aseveración de que, por la expectación que genera entre los aficionados, la “guerra civil” entre los equipos tapatíos ya no compite con la que levantan duelos fratricidas como el regiomontano, e incluso alguno de los llamados “clásicos jóvenes” como América-Cruz Azul y alguno más.

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Parecía un disparate, cuando no una blasfemia…

Sin embargo, vistas desapasionadamente las cosas, es evidente que algo ha sucedido en Guadalajara, que ha enfriado el ambiente que otrora provocaban los enfrentamientos entre los dos equipos tradicionales. Es poco probable que el fenómeno obedezca a la presencia ocasional de otros equipos en la plaza: el Oro y el Nacional, en el pasado; el Jalisco y las universidades (la Autónoma y la de Guadalajara) posteriormente, nunca eclipsaron a rojiblancos y rojinegros: ni siquiera cuando “Mulos” y “Tecos” consiguieron títulos de Liga.

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La experiencia de los últimos años demuestra que los “Clásicos” tapatíos han languidecido: pocos de esos encuentros han provocado, en cualquiera de los estadios locales, los entradones que antaño eran proverbiales; varios de esos duelos han resultado decepcionantes; alguno, incluso –el más recientemente disputado en el Estadio Jalisco, por ejemplo— se inscribió en los anales del futbol tapatío como una página negra, por la agresión brutal de un grupo de porristas a varios policías.

Hoy que los dirigentes del Guadalajara anuncian que si las “Chivas” no ganan su partido dominical ante el Tijuana, franquearán las puertas a los aficionados para el siguiente partido, ante los “Tigres”, es válido pensar que hay, detrás de la que parece ser una simple oferta de carácter mercantil o una fórmula para incentivar al plantel al efecto de que se reconcilie con la victoria que le ha sido esquiva desde hace un buen rato, una falta de respeto al adversario. Y es probable que, a fuerza de haberse vuelto sistemáticas, esas fanfarronadas, desprovistas de auténtico espíritu deportivo --amén de los malos resultados coleccionados de un tiempo a esta parte--, hayan distanciado de su equipo a los que fueron, durante generaciones, sus seguidores incondicionales.

Subrayémoslo: es probable…

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