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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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* “Al César…”

* “Al César…”

* “Al César…”

En efecto: es previsible que las Chivas enriquezcan en breve sus vitrinas con un trofeo más: la Copa México.

Sacar boleto para la Final de ese certamen, venciendo al Monterrey en calidad de visitante, convirtió al Guadalajara en gran favorito. Ese resultado estropeó la quiniela, favorable a los reyneros porque, en teoría, el cuadro “alternativo” que utilizaron en ese compromiso tiene más nombres que el primer equipo rojiblanco… y, además, por el hecho mismo de ser locales.

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En el entendido de que, llegados a estas instancias, los equipos que disputan la Final se olvidan de que en las primeras etapas de la misma —en las que se incluye a los equipos de la Liga de Ascenso— ven la Copa con desdén, como mero compromiso, como un torneo de relleno, como plato de segunda mesa, para interesarse “en serio” por conquistarla hasta que la tienen al alcance de la mano, se explica que el Guadalajara, en los momios, esté por encima del Morelia, su rival en puerta en esa fase.

Por principio de cuentas —y sin que nadie se ofenda…— “hay castas”. El Guadalajara, por su popularidad avasalladora y su brillante historial, sigue siendo —a despecho de ciertos afanes de sus dirigentes por volverlo antipático— un elenco con más “pedigrée” que el del Morelia que ha sido (con las excepciones de un título de Liga y uno de Copa conquistados en la actual etapa de su historial) un cuadro más bien modesto: un actor secundario en un elenco en que las Chivas, aun en sus momentos más críticos, han conservado su protagonismo acostumbrado.

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Lo más importante, empero, es que el Guadalajara actual ha mostrado, tanto en la Liga como en la Copa, una fisonomía futbolística que dio al traste con la hipótesis de que un equipo formado exclusivamente con jugadores mexicanos no tendría condiciones para ser protagonista del campeonato, a partir de la aberrante disposición reglamentaria (la famosa Regla 10/8) que abrió de par en par las puertas de los equipos mexicanos a los jugadores extranjeros, y las cerró a muchos futbolistas que querrían ser profetas en su propia tierra.

Una fisonomía, dicho sea de paso, de la que —sin detrimento de la paciencia que esta vez sí ha habido por parte de la directiva— es de elemental justicia dar gran parte del mérito a Matías Almeyda.

Colofón: “Al César, lo que es del César…”. 

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