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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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* ¿A qué vamos…?

* ¿A qué vamos…?

* ¿A qué vamos…?

Hace cuatro años, cuando las posibilidades de clasificar a los mundiales de Sudáfrica-2010 y Brasil-2014 se complicaban, la competencia en los medios consistía en ver quién hacía, en nombre del orgullo nacional herido en lo más profundo, los aspavientos más grotescos y las pataletas más estridentes. Ahora, cuando el boleto para la cita en Rusia 2018 ya está en la bolsa, y cuando no hay argumentos para declarar a Juan Carlos Osorio reo de alta traición ni mucho menos, hay, de todas maneras, resquicios para buscar la mosca en la sopa…

–Muy bien —conceden los entendidos—: nos vamos al Mundial… Pero, ¿a qué…?

Y vienen, a continuación, casi siempre a partir del afán —atavismos de la raza, dicen los sociólogos— de ver sólo el lado negativo de las cosas, los vaticinios más sombríos: a pasear; a hacer el papelón; a dar vergüenzas…

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No vendría mal, en esa tesitura, incorporar al debate, de entrada, la dosis pertinente de honradez y gratitud. De honradez, para reconocer que entre los argumentos teóricos de los críticos de Juan Carlos Osorio y los resultados, éstos últimos, al final de la película, ganaron por goliza: contra el hecho de que el Tri consiguiera, invicto, el primero entre los participantes de la eliminatoria zonal, la clasificación, no hay argumentos. Y de gratitud porque, aunque desde cierta perspectiva resulte incómodo y hasta doloroso tener que señalarlo, debe reconocerse que Osorio hizo esta vez lo que, por lo que se quiera y mande, los más capacitados y prestigiosos entrenadores mexicanos de su generación fueron, cuando la vida les dio la oportunidad, incapaces de conseguir.

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Osorio y sus colaboradores, por lo demás, además de haber sido, hasta ahora, modelos de corrección —la excepción a la regla serían los arrebatos contra los silbantes que le costaron al técnico nacional los cuatro partidos de castigo que ha venido pagando—, también lo han sido de profesionalismo. Prueba de ello, sus declaraciones tras la victoria del viernes sobre Panamá: la clasificación ya es un hecho, pero hay otras metas: terminar la eliminatoria en primer lugar, por las ventajas que ello implica para el sorteo de grupos; después, dar al equipo el fogueo necesario para llegar al Mundial lo mejor preparado posible.

El resto de la historia dependerá, primero, de la solvencia que demuestren los jugadores… Y después, de los rivales que la suerte les depare.

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