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Jueves, 17 de Octubre 2019
Ideas |

- Tibieza

Por: Jaime García Elías

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Los concesionarios del servicio de transporte público (vulgo “camioneros”) de Jalisco habían decidido suscribirse a la fórmula de las marchas; habían programado y anunciado una para hoy, al efecto de dejar constancia de sus planteamientos a la autoridad: básicamente, la petición de que se autorice una tarifa acorde a la realidad económica vigente...

-II-

Como se recordará, en marzo pasado, poco después de que se había autorizado la tarifa de siete pesos, la chuza trágica de un camión urbano contra un parador cercano a una preparatoria de la Universidad de Guadalajara, dejó un saldo de una estudiante fallecida —María Fernanda Vázquez—, y 19 personas más, heridas. Que la víctima fuera una alumna de la universidad y que ésta fuera, históricamente, la más encarnizada opositora a las demandas de incremento de tarifas (es un secreto a voces que las alzas que concede la autoridad, empiezan a aplicarse, por una curiosa coincidencia... cuando los universitarios están de vacaciones), redundó en que el tono de las manifestaciones de irritación fuera más intenso de lo que quizás en otras circunstancias hubiera sido. La consecuencia inmediata fue un “motu proprio” del gobernador Aristóteles Sandoval, en el sentido de revocar el incremento de tarifas que acababa de autorizar, hasta en tanto los concesionarios no aplicaran una serie de medidas orientadas a mejorar la calidad del servicio.

-III-

En la marcha programada para hoy se planeaba solicitar una tarifa de nueve pesos. La manifestación se suspendió —explicaron los dirigentes de los concesionarios— por considerar (¡qué intuición...!) que no están dadas las condiciones para que su demanda prospere. En consecuencia, es previsible que, so pretexto de que la tarifa actual es inadecuada, los camioneros seguirán retirando de la circulación las unidades a las que no pueden reparar ni dar mantenimiento, con el resultado que los usuarios han detectado: que la frecuencia de paso de los camiones se amplía, que no tienen capacidad para “levantar” a todo el potencial pasaje... y que, en suma, la calidad del servicio, lejos de mejorar, se deteriora gradualmente.

Y todo por la incapacidad —o la tibieza, para decirlo con todas sus letras— de quienes concesionan a particulares el servicio del transporte público, para establecer, en beneficio de los usuarios —al margen de las tarifas, porque al final del cuento se demuestra que no hay servicio más caro que el que no existe— las normas que permitan prestarlo en términos de eficiencia y dignidad.
 

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