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Lunes, 21 de Enero 2019

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- Tarifa “social”

Por: Jaime García Elías

- Tarifa “social”

- Tarifa “social”

El cuento de la “tarifa social” es una invención que recuerda a varias que han sido trascendentales en la historia de la Humanidad. Por ejemplo, la del hilo negro. O la del hoyo de la dona.

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-II-

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La ocurrencia en cuestión acaba de sumarse al debate que se puso en marcha hace unas semanas en Guadalajara, a raíz del paro de varias unidades del transporte público, en demanda, por parte de los permisionarios, de un incremento en las tarifas. El incidente sirvió para recordar que, entre el aumento de seis a siete pesos que se autorizó a finales de 2013, la revocación por parte del gobernador del Estado, en marzo de 2014, so pretexto de la chuza trágica de la Prepa 10, protagonizada por un autobús urbano, y el cumplimiento de una serie de requisitos para volver a la tarifa de siete pesos, el hecho es que las dichosas tarifas están virtualmente congeladas desde hace más de tres años.

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La autoridad, a todo esto, debidamente asesorada por expertos en la materia, parece haber encontrado la fórmula para equilibrar los intereses en conflicto (por una parte, las justas demandas de los concesionarios que ven incrementarse los costos del servicio que proporcionan; por la otra, las justas quejas de los usuarios por las ostensibles deficiencias del mismo). La fórmula consiste en jugar al viejo Juego del Tío Lolo… consistente, como es del dominio público, en hacerse tonto solo.

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La aseveración del director del Instituto de Movilidad, Mario Córdova España, en el sentido de que en “todos” los sistemas de transporte público del mundo se pondera, para efectos de la tarifa, la capacidad económica de los usuarios, es, por decir lo menos, inexacta. En los países del Primer Mundo, al menos, e incluso en muchos del Tercero, se pretende que las tarifas de los servicios básicos los hagan, si no rentables, sí, al menos, autofinanciables. Cuando eso no es posible, por insolvencia de algunos grupos sociales, teóricos beneficiarios de los mismos, se recurre a los subsidios: una fórmula que en nuestro medio ya se aplica para el servicio de agua potable, y del que el Metro de la Ciudad de México y las colegiaturas de la UNAM siguen siendo ejemplos perfectos… pese a la obvia imperfección del esquema que obliga a suscribirse a ellos.

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-III-

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Si aquí a los subsidios ahora se les quiere denominar “tarifa social”, habrá que reconocer que, al menos, por imaginación no queda…

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