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Lunes, 14 de Octubre 2019
Ideas |

- Rudos y técnicos

Por: Jaime García Elías

- Rudos y técnicos

- Rudos y técnicos

En la esquina de los rudos, “la delincuencia organizada”; en la de los técnicos —o sea, “los buenos de la película”—... la autoridad desorganizada.

-II-

Se entiende que en el caso de los ciudadanos de a pie que se vuelven noticia (“ma non troppo”) cuando mueren de manera violenta y en circunstancias misteriosas, ni se llega “hasta las últimas consecuencias”, ni se informa que “todas las corporaciones policiacas les siguen los pasos” a los autores de tales crímenes, ni se declara que “todo el peso de la ley”, más temprano que tarde, caerá sobre los responsables, “caiga quien caiga”.

Por lo demás, es lógico...

Ya se explicó, a raíz del secuestro —y posterior asesinato— del diputado Gabriel Gómez Michel, que una cosa es tener mil cámaras de videovigilancia (en el proceso de cuya adquisición hubo turbiedades que pudieran configurarse como delitos... pero esa es otra historia, y cuando se asevera, con voz tronante, que “aquí no hay lugar para la impunidad”, no se está hablando de eso), emplazadas en lugares estratégicos, así como un sofisticado equipo —que incluye un moderno helicóptero— destinado al combate a la delincuencia... y otra muy diferente tener personal capacitado para detectar conductas anómalas y para actuar en consecuencia.

Siguiendo por la misma ruta, una cosa es la indignación que provoca un crimen tan proditorio como el de un representante popular —reputado, además, como persona de bien, dedicado y generoso en el ejercicio de su profesión (era médico pediatra), y honesto e intachable en su desempeño como funcionario público (“rara avis” en ese aspecto, pues), lo que seguramente repercutirá en que los investigadores empiecen a atar cabos que eventualmente conduzcan a la identificación de los autores materiales del crimen, primero, y a dar con los autores intelectuales y sus móviles, después—, y otra muy diferente que haya especial interés —y capacidad, sobre todo— para ahondar en los casos de los cadáveres que aparecen casi todos los días en los innumerables escondrijos que hay en la mancha urbana de Guadalajara y sus alrededores, y cuyos expedientes se archivan bajo el rubro —asaz genérico— de “ajustes de cuentas entre narcotraficantes”.

-III-

En un país que se precia de que en él impera el Estado de Derecho, “todos los ciudadanos son iguales ante la ley”...

En el que (“por inescrutables designios de la Providencia”, diría la abuela) nos tocó vivir, “unos son más iguales que otros”. 

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