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Lunes, 14 de Octubre 2019
Ideas |

- Necedades

Por: Jaime García Elías

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Condenada de antemano —sin apelación posible, además— a ser efímera, porque mal termina ellos cuando llegan, coloridas, efervescentes, bullangueras, las Fiestas Patrias, la temporada de los informes de los alcaldes de los municipios conurbados con Guadalajara dejó un par de hitos en la memoria del ciudadano de a pie: en Tonalá, el anuncio de que sus habitantes agregarán a la lista de sus motivos de orgullo, uno más: el teleférico que irá del Cerro de la Reina a la Presidencia Municipal y viceversa; en El Salto, la adquisición de un equipo de futbol de Tercera División.

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Como los de los siete u ocho municipios integrados virtualmente a la Zona Metropolitana de Guadalajara, es posible que si a los vecinos de Tonalá y El Salto les hubieran consultado acerca de sus necesidades más apremiantes o de sus apetencias más inmediatas, habrían coincidido en solicitar la ampliación de los servicios públicos a las zonas en que no existen, o la mejoría de los mismos en las que ya los tienen: la seguridad pública, la dotación de agua potable, la extensión de la red de alcantarillado, el bacheo de las calles; las medidas orientadas a proporcionar un servicio de transporte digno y eficiente, que invitara, si no a abandonar, sí a depender menos del transporte individual. En fin…

Como las personas, las sociedades tienen tres rangos básicos en sus prioridades: lo indispensable, lo útil y lo superfluo; todas son legítimas, por supuesto; pero de la misma manera que parece insensato que una persona que mal ha cubierto sus necesidades de casa, vestido y sustento se gaste sus ingresos en un reloj caro o unos tenis de marca, puede considerarse que es necio que una comunidad en que son notorias y hasta escandalosas las carencias, la autoridad queme la poca pólvora de que dispone, en infiernitos como los que han sido —precisamente por ilógicos, disparatados e insensatos— las notas salientes de los informes de los alcaldes. Con el agravante, además, de que el necio que gasta en los tenis o el reloj de marca el dinero que podría gastar en alimentos o medicinas, siempre podrá refugiarse en el argumento de que “muy su dinero”. Quienes administran el dinero público, en cambio, deberían tener como premisa inflexible, como compromiso ético irrenunciable, no malgastar un peso del dinero público, mientras haya una necesidad insatisfecha.

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El teleférico de Tonalá y los “Mamuts” de El Salto son claros botones de muestra de la seriedad con que los gobernantes, cuando asumen los cargos por los que tan buenos salarios perciben, toman la “protesta” de “ver, ante todo --¡oh, sí…!--, por el bienestar de los habitantes”.
 

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