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Viernes, 24 de Noviembre 2017

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- “Modestia aparte…”

- “Modestia aparte…”

- “Modestia aparte…”

La campaña propagandística que la Presidencia de la República ha puesto en marcha de unos días a la fecha, corresponde a la especie técnicamente denominada de “testimoniales”. Se trata, por definición, de “anuncios que se difunden tanto en los medios impresos tradicionales como en los electrónicos, en los que intervienen personas fácilmente reconocibles por su actividad –un agricultor, un comerciante, un pequeño empresario, un pescador…—, que refieren sus experiencias o dan sus opiniones (espontáneas, supuestamente) sobre determinado producto o servicio, para dar mayor credibilidad y mayor fuerza persuasiva al anuncio”.

-II-

El recurso que desde tiempo inmemorial se ha empleado para vender refrescos, detergentes, dentífricos, papas fritas, tónicos capilares o croquetas para perros, ahora se utiliza, en la esfera política, para vender al ciudadano de a pie, mediante anuncios que se intercalan en la programación, en las horas de más rating, el mensaje de que el Gobierno ha sido sensible con respecto a las necesidades y los anhelos de los gobernados, y que ha realizado, con eficacia encomiable –modestia aparte, claro…—, las acciones conducentes a su felicidad.

Antes era, por estas fechas, el Informe de Gobierno (así, con mayúsculas). El primero de septiembre, conocido popularmente como El Día del Presidente (ídem) o La Danza de los Millones, el documento en que se incluía el catálogo pormenorizado del ejercicio anual de la Administración, más el inevitable “mensaje político”, más la correspondiente “glosa”, se difundía “ad nauseam” por radio, televisión y altavoces en las plazas públicas, y al día siguiente por la prensa escrita. Epítetos como “patriótico”, “progresista”, “visionario”, similares y conexos, proliferaban en artículos editoriales y entrevistas de opinión.

-III-

Abandonada la práctica de los Informes, que habían degenerado en un cachondeo indigno, ahora operan los testimoniales en que el Presidente de la República alterna campechanamente con un agricultor en el campo, con un pescador en su lancha, etc., como si fueran los grandes cuates, para redondear la conclusión de que México, gracias a sus buenos gobiernos, sigue siendo –como en tiempos de los ahora descontinuados Informes— casi el paraíso, y que “Lo bueno cuenta… y queremos que siga contando”.

La Comisión Federal del Comercio norteamericana define los testimoniales como “mensajes publicitarios que induzcan a los consumidores a creer que reflejan las opiniones, creencias, conclusiones o experiencias de una persona distinta del anunciante”. Cabría preguntarse si, en el caso, se logra la credibilidad, y si se consigue el propósito de la fuerza persuasiva acerca de las virtudes del patrocinador…

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