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Lunes, 21 de Octubre 2019
Ideas |

- Milagro

Por: Jaime García Elías

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El padre de Bernardo Flores (a. “El Cochi”), uno de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos el pasado 26 de septiembre, lo supone vivo. A los medios de prensa que dan seguimiento a una de la notas más importantes de las últimas semanas (una de las pocas generadas en México que alcanzan repercusión internacional... aunque sea por el horror que causan), les dice que tiene el presentimiento de que así es. Ora para que su corazonada se vuelva realidad. Se niega a dar crédito a la hipótesis de que los cadáveres calcinados, encontrados en una fosa clandestina de Iguala, correspondan a los jóvenes que tuvieron un enfrentamiento con la policía...

-II-

El hombre especula: los estudiantes se habían apoderado inicialmente de dos autobuses y luego de tres más, y “secuestrado” —por decirlo de alguna manera— a sus conductores con la intención de trasladares al Distrito Federal, a participar en la marcha conmemorativa del 2 de octubre del ’68. Como ya ha sucedido muchas veces, los devolverían después del viaje programado; sin falta... Así, cuando los policías los interceptaron, los jóvenes descendieron del primer camión para dialogar con ellos. En el entendido de que, interpretando el hecho a partir de los antecedentes, en sentido estricto no se estaba cometiendo un robo ni un secuestro propiamente dicho, ni podía acusarse de asociación delictuosa a los normalistas, tampoco había motivos para suponer que los policías, a partir de valores entendidos, llevaran su papel de guardianes del orden y defensores de la legalidad hasta el extremo de abrir fuego contra los jóvenes. Mucho menos cabía esperar que, además de dejar a seis de ellos tendidos en el pavimento, ya sin vida, se llevaran detenidos a 70, y dos semanas después mantuvieran incomunicados a 43 de ellos.

-III-

El nombre de Bernardo Flores, como el de sus 42 compañeros, fue voceado en todas las ciudades del país en que hubo marchas de protesta por los hechos que han lastimado a los guerrerenses, indignado a los mexicanos bien nacidos y horrorizado a la comunidad internacional. En su caso, como en los otros 42 restantes, miles de personas respondieron: “¡Lo queremos vivo!”... El tenor de las manifestaciones ha sido unánime: la exigencia de que los 43 normalistas aparezcan vivos y de que se sancione a los responsables de su desaparición y demás delitos que de ahí pudieran derivarse.

El padre de Bernardo Flores, pues —sin decirlo abiertamente...—, espera un milagro.
 

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