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- “Lo máximo”

- “Lo máximo”

- “Lo máximo”

Puestos a escoger entre los dos extremos —no el medio, donde es fama que se encuentra la virtud—, los tapatíos “químicamente puros” eran, tradicionalmente, menos proclives a la modestia que a la jactancia. Jalisco —¡y Guadalajara, muy particularmente!— era, para ellos, la versión corregida y aumentada de El Paraíso Terrenal. (“O sea —dirían, a la usanza actual— lo máximo…”).

-II-

Que se escogiera a Guadalajara como sede de la II Cumbre del Cambio Climático de las Américas y del Grupo de Gobernadores por el Clima y los Bosques, celebradas durante cuatro días de la semana pasada precisamente en esta “Tierra de Dios y de María Santísima” (mucho ojo con las comillas, ahora tan de moda), se antojaba —con las debidas licencias de Sherlock Holmes— “elemental”. ¿Dónde mejor…?

Al margen de las conceptuosas deliberaciones y de los morrocotudos acuerdos que en el marco de esas “históricas” jornadas se tomaron, el denominado Grupo de Trabajo de Empresas y Derechos Humanos de la ONU, participante en esos eventos, se dio tiempo para realizar, a petición de vecinos de los municipios de El Salto y Juanacatlán —conurbados con Guadalajara, como es público y notorio—, un peculiar ejercicio: salir, por un rato, de los confortables salones de los hoteles de lujo en que realizaban sus “sesiones de trabajo”, y constatar la realidad cotidiana del entorno en que muchos miles de personas están condenados a nacer, crecer, reproducirse y morir; a ver, oler y tocar, si les place, las aguas sucias, espumosas, pestilentes del río que alguna vez formó parte del extenso catálogo de los justos motivos de presunción de sus ancestros; a recoger testimonios sobre las enfermedades digestivas, respiratorias, renales y dermatológicas —cánceres incluidos—, amén de la deplorable calidad de vida que ese entorno ocasiona, propicia o favorece…

Un ejercicio similar, por cierto, al que hubieran podido realizar en la Cuenca del Ahogado, por la que seguramente todos ellos pasaron, a más de 100 kilómetros por hora —subidos los vidrios, conectado el aire acondicionado de las camionetas que los transportaron desde y hacia el Aeropuerto—. O en el Lago de Chapala, si los anfitriones de la dichosa “Cumbre” les hubieran agendado una visita al “Rinconcito de amor / donde las almas —¿quién lo ignora…?— pueden hablarse de tú con Dios”.

-III-

¡Ah, señor, el abismo que suele haber entre las buenas intenciones y las verdades oficiales, por un lado…, y los malditos hechos, por el otro!

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